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Triangulación: cómo el narcisista usa a otros para manipularte

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En este artículo encontrarás cómo identificar la triangulación narcisista, sus efectos y qué hacer para protegerte. En R&A Psicólogos te ayudamos a recuperar tu bienestar emocional.

Escrito por: Psic. Rogelio Argüello S.

Qué es la triangulación narcisista

La triangulación es una estrategia de manipulación emocional que consiste en involucrar a un tercero para provocar desconfianza, inseguridad o rivalidad, con el fin de obtener control, evitar responsabilidad o reafirmar una posición de poder dentro de la relación.

Puede suceder, por ejemplo, cuando

  • un padre se alía con un hijo contra el otro, creando bandos y debilitando la confianza dentro de la familia,
  • tu pareja menciona o exalta constantemente a alguien más —una expareja, un compañero o un hermano— para despertar celos o inseguridad
  • un amigo afirma “todos piensan que tú eres el problema”, cuando en realidad proyecta su propio malestar o busca desviar la responsabilidad.

En todos los casos opera la lógica: "divide y vencerás" o dicho de otro modo, dividir para conservar el poder. Al generar rivalidad o desconfianza, la persona que manipula asegura que los demás no se unan en su contra, y mantiene el control de la dinámica, haciendo que todo gire a su alrededor.

Divide para conservar el poder: esa es la esencia de la triangulación. 

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No confundir con…

No basta con que haya una interacción entre tres personas para que exista una triangulación. La intervención de un tercero en una relación puede deberse a la búsqueda de apoyo o mediación para resolver un problema, y esto evidentemente es algo sano. Sin una intención de manipulación, de control o división entre las personas, no podemos hablar de triangulación.

Efectivamente la diferencia está en la intención:

  • En la mediación, se busca comprensión, equilibrio o resolver un conflicto con ayuda externa.
  • En la triangulación en cambio, se introduce a otra persona para obtener control, generar rivalidad o crear dependencia emocional.

La triangulación es una táctica especialmente común en personas narcisistas, y la emplean de forma deliberada y repetitiva para dividir, distraer para evitar responsabilidad o para mantener poder sobre la otra persona.

Cuando ocurre de forma ocasional y asilada, en cambio, puede tener que ver con inseguridad en la persona, miedo o falta de habilidades de comunicación, sin ninguna intención consciente de manipular.

Las siguientes son situaciones que no necesariamente incluyen triangulación:

  • Buscar apoyo emocional o consejo.
  • Evitar un conflicto por miedo o ansiedad.
  • Involucrar a un profesional o figura de autoridad.
  • Expresar inseguridad o comparación sin cálculo.
  • Búsqueda de validación.

El narcisista no necesita gritar para controlar: le basta con sembrar duda entre los demás.

Diferencia con otros tipos de manipulación

Lo que distingue a la triangulación de otras formas de manipulación es que el control es indirecto: el narcisista no lo ejerce de forma directa sobre la otra persona, sino a través de la relación otros o con un tercero. Con esto consigue manipular sin enfrentarse: mueve los hilos detrás de la escena, en una dinámica que le permite controlar sin exponerse y evadir por tanto cualquier responsabilidad.

En el gaslighting, que es una estrategia de manipulación que busca alterar la percepción de una persona, se busca el control en un intercambio directo, uno a uno. Lo mismo ocurre en otras formas de manipulación como el hacerse la víctima, la proyección narcisista o la inversión de la culpa. En cambio, en la triangulación, se crean alianzas a espaldas de unos u otros, se siembran rivalidades y desconfianza, se alteran las percepciones de unos, las emociones de otros, con la finalidad de desestabilizar las relaciones y fracturar la conexión entre las personas que interactúan.

El resultado es que la triangulación es muy dañina: fractura no solo la autoestima de la persona y genera confusión emocional o perceptiva, también destruye la estructura de los vínculos de la víctima. Lo que antes era un espacio de apoyo o conexión se convierte rápidamente en un escenario de desconfianza, rivalidad, tensión y control.

El gaslighting confunde tu mente; la triangulación desordena tus vínculos.

Cómo funciona la triangulación en dinámicas de poder

La triangulación funciona porque rompe un equilibrio previo entre dos personas o partes. Este equilibrio puede estar basado en la confianza, comunicación o estabilidad emocional. Para alterarlo, Para lograrlo, el manipulador introduce un tercer elemento que altera la relación.

  • El tercero como herramienta de control. No se necesita confrontación directa: basta con mencionar, insinuar o recurrir a alguien más para modificar percepciones y reforzar el poder.
  • Tensión emocional. Las comparaciones, las diferencias de trato o los comentarios ambiguos despiertan inseguridad y competencia, creando una atmósfera de confusión y búsqueda de aprobación.
  • Aislamiento. El desgaste y la desconfianza hacen que la víctima se aleje de los demás, debilitando sus redes de apoyo.
  • Dependencia. En ese vacío, el manipulador se convierte en la única fuente de validación. Así se cierra el ciclo: el poder se sostiene en la división.

En este tipo de dinámicas, el poder no se impone con fuerza, sino desestabilizando los vínculos y controlando el equilibrio emocional de los demás. Cuanto más confundidos o divididos estén, más sólida se vuelve la posición de quien triangula.

El poder del narcisista no está en lo que dice, sino en lo que logra que los demás se digan entre sí.

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¿Por qué el narcisista recurre a la triangulación?

Detrás de la triangulación no hay solo deseo de control, también hay miedo. Pero este miedo no disminuye el daño que causa; todo lo contrario: lo intensifica, porque lleva a la persona narcisista a aferrarse aún más al control y a conductas cada vez más destructivas.

Para la persona narcisista, la triangulación es una forma de mantenerse a salvo: no de alguien que pueda hacerle daño, sino de la vulnerabilidad que implica mostrarse tal como es. La triangulación es una estrategia de control pero también supervivencia psicológica, que protege una autoimagen frágil mientras garantiza un suministro constante de validación externa.

En el fondo, la triangulación le permite:

  • evitar la confrontación directa,
  • sostener una identidad grandiosa
  • y asegurarse de que nunca quedará sin alguien que reafirme su valor.

Controlar es su forma de no sentirse pequeño.

Control y supervivencia psicológica

En la lógica narcisista, perder el control equivale a perder el valor personal.
Por eso, la triangulación cumple una función defensiva, de autoregulación emocional: permite dirigir la atención, manejar la tensión y evitar la exposición emocional. Mientras los demás se confunden o se enfrentan, el manipulador conserva la posición de quien observa desde arriba, intocable y necesario.

No se trata solo de dominar, sino de evitar sentirse pequeño, cuestionado o insignificante.

Evitar la intimidad y la confrontación real

La triangulación también sirve para mantener distancia. La intimidad genuina exige mostrarse, reconocer límites, aceptar que el otro es un igual. Para el narcisista, esto representa una amenaza a su equilibrio interno. Involucrar a un tercero permite escapar de la confrontación directa y de la intimidad genuina, que implicaría mostrarse vulnerable o reconocer errores.

Cuando la relación se vuelve demasiado cercana o amenazante, crear tensión entre otros actúa como un escudo: la atención se dispersa y el foco se aleja de su propio comportamiento. Si siempre hay alguien más en el horizonte, nunca tiene que enfrentar la incomodidad de ser visto tal como es.

Así, la conexión emocional se sustituye por una dinámica de control y ambigüedad, donde nunca se expone del todo.

Generar inseguridad para aumentar la dependencia

La triangulación también opera debilitando la seguridad del otro.
A través de comparaciones, cambios de trato o mensajes contradictorios, el narcisista logra que la otra persona dude de su valor e incluso de su percepción de la realidad.
Esa inseguridad cumple una doble función: protege al narcisista de sentirse expuesto y lo mantiene como el eje de la relación.

Cuando la víctima busca constantemente recuperar su lugar o su valor, el foco deja de estar en el comportamiento del manipulador. La confusión y la necesidad de aprobación del otro se convierten en el escudo del narcisista: cuanto más desorientada y dependiente esté la otra persona, más protegido y firme se vuelve su propio equilibrio interno.

En el fondo, al debilitar la seguridad del otro, el narcisista proyecta parte de su propia fragilidad.
Ver a la otra persona insegura o necesitada le da la ilusión de fuerza y control.
Así, lo que no puede aceptar en sí mismo —miedo, dependencia o vulnerabilidad— lo hace vivir a través de los demás.


 

Cada nueva persona es un espejo más donde intenta verse entero.

La necesidad de validación detrás de la triangulacion

Detrás de todas estas tácticas existe una necesidad psicológica profunda: la persona narcisista no puede sostener su sentido de valor desde adentro. Requiere validación externa constante para mantener estable una identidad frágil.

No es exagerado afirmar que la validación externa es el combustible de su identidad, el eje que sostiene su autoestima. Bajo la imagen de seguridad y autosuficiencia se esconde un pavor al vacío, una sensación constante de insignificancia que solo se alivia cuando alguien más confirma su valor.

El narcisista necesita verse reflejado en los demás para existir; sin esa mirada que lo reconozca, la sensación de solidez se desmorona y aparece el vacío —esa experiencia de disolverse, de no existir fuera del reflejo del otro.

De ahí surge su autoimagen grandiosa, como un espejismo necesario, como una coraza construida para cubrir la fragilidad que no puede tolerar: cuanto más teme sentirse pequeño, más necesita verse superior.

La triangulación refuerza esa ilusión: al mantener a varias personas compitiendo por su atención, obtiene múltiples reflejos que alimentan su sensación de ser especial, indispensable o superior.

Pero esta validación nunca alcanza; cada nuevo triángulo es un intento más por llenar un vacío que no se llena desde afuera.

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Señales de que estás siendo víctima de triangulación

Toda manipulación tiene algo en común: se esconde a simple vista.
Se presenta como interés, preocupación o simple conversación, mientras busca controlar o dividir.
La triangulación es particularmente difícil de detectar porque actúa sin confrontar, desplazando el conflicto hacia otros hasta que la víctima pierde de vista dónde empezó el daño.

Cuando todo empieza a parecer un malentendido, probablemente alguien está manipulando el diálogo.

  • Te comparan con alguien más para generar inseguridad.

    Las comparaciones parecen inocentes, pero te dejan una sensación de insuficiencia. “Tu hermano siempre fue más responsable”, “mi ex sí entendía lo que decía”.
Poco a poco, te ves compitiendo por atención o por un reconocimiento que antes dabas por seguro.

  • Tus palabras se distorsionan o llegan a otros fuera de contexto.

    Dices algo en confianza y luego lo escuchas repetido con otro sentido. Lo que dijiste se convierte en rumor, o alguien usa tus propias palabras para enfrentarte con otro.
La comunicación se enreda y dejas de sentir que es seguro hablar o compartir.

  • Aparece un tercero que influye o toma partido.

    En medio de una discusión o en una conversación, alguien menciona o cita lo que “otro piensa de ti”. Esa voz externa, que no sabes si es real o inventada, te hace sentir juzgado o fuera de lugar.
Sin darte cuenta, ya no discutes con una persona, sino con una especie de grupo de testigos invisibles. Y se van convirtiendo con el tiempo en una sombra que interfiere en la intimidad y la confianza.

  • Su actitud cambia según quién esté presente.

    Cuando hay alguien más, su tono o su trato contigo se transforma. Pasas de ser escuchado y valorado a sentirte ignorado, criticado o reemplazado sin entender qué provocó el cambio. Esa oscilación, mediada por terceros, genera confusión y dependencia.

  • Circulan rumores o comentarios que te hacen dudar de otros.

    Te dicen que alguien habló mal de ti o que piensa algo negativo. Aunque no puedas comprobarlo, la duda se instala.
Lo que parecía una relación cercana empieza a llenarse de desconfianza.

  • Te colocan en medio de conflictos ajenos.

    Te piden “hablar con tu hermano”, “convencer a tu pareja”, “transmitir un mensaje”. A veces parece que solo ayudan a comunicar, pero en realidad están usando tu posición para evitar responsabilidad o ganar ventaja. Tú terminas  entre personas o bandos, como si tuvieras que demostrar de qué lado estás.

  • Empiezas a desconfiar de ti mismo.

    Finalmente, te preguntas si exageras, si malinterpretas, si de verdad estás haciendo algo mal. Esa confusión no es casual: es el efecto buscado.
Cuanto más dudas de ti, más poder tiene quien opera la dinámica.

La triangulación debilita la seguridad emocional del otro, hasta hacerle dudar de su propio valor y de su percepción de la realidad

Ejemplos comunes de triangulación narcisista

La triangulación no solo ocurre en la familia o en relaciones de pareja, también aparece en el trabajo y en las amistades. El patrón sigue siendo el mismo: alguien introduce a una tercera persona, real o inventada, para mantener el control, dividir o reafirmar su posición de poder.

A continuación, algunos ejemplos de cómo puede manifestarse en distintos contextos.

Triangulación en la pareja

En la pareja, la triangulación suele aparecer como parte del patrón narcisista de control y validación. No busca resolver nada, sino reafirmar su poder y mantener la atención centrada en él o ella. Por ejemplo,  la ex nunca se va: menciona constantemente a su expareja: "ella sí me entendía", era más tranquila, lo que provoca inseguridad y rivalidad.

Si intentas señalarlo, entonces "eres demasiado sensible" o "eres celosa".  Con el tiempo, empiezas a dudar de tu propio valor y a esforzarte por recuperar la cercanía que ahora depende del control del otro.

Otros casos:

  • Invoca testigos invisibles para validar su posición. Te dice que los demás están de su lado: "Mi terapeuta dice que tú eres el problema", "Mis amigos piensan que estás paranoica". Nunca puedes verificar estas afirmaciones, pero te hacen sentir superado en número, aislado. Así invalida tus emociones y te hace sentir solo/a y refuerza la percepción de que siempre tiene la razón.
  • Coquetea abiertamente con otros y luego lo minimiza: “solo bromeaba”, “exageras en todo”. Necesita sentirse deseado por múltiples personas para alimentar su ego; tu inseguridad y confusión son exactamente lo que busca. Tú dudas de tu percepción, de ti mismo/a, mientras él o ella reafirma su poder.
  • Mantiene una amistad especial  que usa para hacerte sentir desplazado. Habla de esa persona con frecuencia, comparte confidencias o elogios ambiguos frente a ti. Si muestras incomodidad, lo toma como una prueba de tu inseguridad, nunca de su falta de respeto. Esa tercera persona, exista o no, se convierte en tu competencia permanente, dejándote en estado de alerta constante y en la búsqueda de recuperar tu lugar.
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Triangulación en la familia

En las familias con figuras narcisistas, la triangulación no surge por error, sino como una forma de dividir y de mantener el control. El padre o la madre narcisista, como no tolera ser cuestionado ni perder el control, fragmenta las relaciones para que nadie se una en su contra.

Por ejemplo, compara constantemente: "tu hermano sí es responsable", "¿por qué no eres como tu prima?", "tú sí me entiendes, no como tu hermano", creando rivalidad entre quienes deberían ser aliados.

Si intentas señalarlo, "eres resentido" o "todo lo tomas personal". Con el tiempo, la familia se fragmenta en bandos mientras el narcisista mantiene su posición intocable.

Otros casos:

  • Usa a los hijos como mensajeros para evitar responsabilidad: "Dile a tu padre que...". Con esto, te colocan en medio de conflictos de adultos, evitando así exponerse a ser confrontado.
  • Forma alianzas cambiantes según su necesidad de control. Si hoy le conviene, estará de tu lado; si mañana no le conviene, te hará a un lado.  Estas alianzas no son leales, son estratégicas: cambian según quién le sirva mejor en ese momento. Se genera un ambiente en la familia en el que nadie sabe dónde está parado, todos compiten por su favor y él mantiene el poder desde esa inestabilidad.
  • Un padre narcisista roles inamovibles a los hijos que alimentan su ego: uno es el "perfecto" que hace todo bien y refleja su grandiosidad (el "hijo dorado"); el otro es el "problemático" que siempre falla y carga con todo lo negativo que el narcisista no puede aceptar en sí mismo (el "chivo expiatorio"). Estos roles no se basan en la realidad de cada hijo, sino en las necesidades emocionales del padre o madre narcisista. El hijo dorado recibe amor condicional mientras cumpla las expectativas; el chivo expiatorio es culpado incluso cuando no tiene responsabilidad.  La consecuencia: los hermanos se mantienen enfrentados —uno defendiendo su privilegio, el otro su dignidad— mientras él conserva control absoluto sin ser cuestionado.
  • Circula rumores a las espaldas para aislar y dividir. "Tu hermana dijo que tú tal cosa...". Con esto el padre o la madre narcisista distorsiona la información para que nadie pueda formar una alianza sódia que pueda desafiarlo.

La persona narcisista no busca aliados: busca piezas que pueda mover.

Triangulación en el trabajo

En el ambiente laboral, el narcisista suele usar  la triangulación para mantener su imagen de indispensable mientras otros compiten por su aprobación. No puede tolerar que el equipo funcione sin él como eje central, así que genera dependencia y competencia artificial.

Por ejemplo, compara públicamente: "Mira cómo trabaja tu compañera", creando rivalidad donde debería de haber colaboración.

Si intentas señalarlo, "no eres jugador de equipo" o "no sabes recibir retroalimentación". Tu energía se agota en demostrar tu valor en lugar de hacer tu trabajo, que es exactamente lo que el narcisista necesita para mantener el control.

Otros casos:

  • Te convierte en espía para obtener información sin exponerse. Te pide que "averigues" qué piensan los demás o que des reportes sobre tus compañeros. Así recopila información que puede usar a su favor, pero si algo sale mal, tú fuiste quien "malinterpretó" o "causó el problema". Así el narcisista controla sin asumir responsabilidad directa.
  • Cambia de cara según la audiencia para mantener su imagen. Puede criticarte o elogiarte según lo que necesita proyectar en cada momento o situación. Es decir que su trato contigo no refleja quién eres, sino qué imagen necesita proyectar en ese momento. Nunca sabes qué versión encontrarás, y esa inestabilidad te mantiene confundido y dependiente de su aprobación.
  • Esparce rumores para desacreditar amenazas potenciales. Les dice a otros que tú "estás teniendo problemas en casa", que "no estás comprometido con el equipo", o que "varios se han quejado de ti". Nunca presenta pruebas concretas, pero aún así el daño a tu reputación ya está hecho. Si destacas demasiado, cuestionas su autoridad o simplemente  representas una amenaza a su imagen, debe neutralizarte sin confrontarte directamente. Los rumores hacen ese trabajo sucio mientras él mantiene las manos limpias.
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¿Qué hacer si sufres triangulación?

Salir de una dinámica de triangulación requiere tiempo, claridad y apoyo.
Durante mucho tiempo, la manipulación puede parecer confusión, y la culpa o la duda pueden hacerte pensar que exageras.
El primer paso no es confrontar al otro, sino reconocer lo que te ha ocurrido y comenzar a recuperar tu centro.  Si sientes que este proceso te resulta difícil, la terapia individual en CDMX puede ayudarte a comprender lo vivido y fortalecer tu autoestima.

Salir del triángulo no es romper con otros, es volver a ti.

Reconocer los efectos

La triangulación deja huellas profundas, incluso después de que la persona manipuladora ya no esté presente.
No solo rompe la confianza en los demás, también erosiona la confianza en ti mismo/a.
Es normal sentirte confundido, inseguro o desconectado de tus propias percepciones.

Tal vez te sorprendas revisando conversaciones, buscando dónde empezó todo o intentando entender qué hiciste mal.
Nada de eso es casual: la triangulación está diseñada para que dudes de ti, para que el foco esté siempre fuera de ti, nunca en tus límites ni en tu bienestar.

Reconocer el daño no te hace débil. Te devuelve algo que habías perdido: la claridad sobre lo que es manipulación y lo que no.

Pasos para sanar y recuperar la autoestima

Sanar de las consecuencias de una triangulación no es volver a ser quien eras antes, sino reconstruir la confianza en tu propia percepción.
Durante mucho tiempo, tus emociones fueron usadas en tu contra.
Ahora se trata de escucharlas sin miedo.

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  • Deja de buscar la lógica en lo que fue manipulación.
    No hubo malentendido ni “problema de comunicación”: hubo una estrategia para confundirte. Entender esto no es resentimiento, es claridad.
  • Reconoce que no fue tu culpa sentirte confundido/a.
    Cualquier persona puede dudar de sí misma cuando la confunden lo suficiente. Esa duda no habla de debilidad, sino de cuánto intentaste sostener el vínculo.
  • Recupera tu voz.
    Empieza a validar lo que sientes sin pedir permiso. Hablar, escribir o simplemente reconocer lo que pasó es un acto de reparación.
  • Busca relaciones que te devuelvan confianza.
    Estar cerca de personas que escuchan sin juzgar es parte de sanar. El vínculo sano no exige que te justifiques, te deja ser.
  • Pide ayuda si sientes que la herida no cierra.
    La manipulación constante no solo confunde en el momento, también quedan marcas invisibles; y la sensación de haber sido utilizado/a por tanto tiempo y alguien así de importante. La terapia te ayuda a entender cómo se formó esta dinámica y a recuperar lo que te quitó: tu seguridad interna.
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Estrategias prácticas para protegerte en el presente

Protegerte no significa endurecerte.
Significa aprender a salir del juego sin sentir culpa.

  • No entres en la competencia.
    Cuando alguien te compara o intenta provocar celos, no expliques ni demuestres nada. El objetivo del narcisista es verte reaccionar. No responder es una forma de poner límite.
  • Mantén la comunicación directa.
    Si alguien intenta hablar “a través de otros”, detén el circuito: “Prefiero hablarlo directamente contigo.” Decirlo sin enojo, pero con firmeza, es una manera de no prestarte al juego.
  • No des explicaciones a quien no quiere entender.
    Quien triangula no busca diálogo, busca control. Tu claridad no necesita aprobación.
  • Observa los cambios de trato sin justificarte.
    Cuando notes que alguien alterna cercanía y frialdad, reconoce el patrón sin tomarlo como culpa tuya. Nombrarlo internamente te ayuda a no caer en la trampa de “ganarte” su afecto.
  • Recupera tu centro.
    Cada vez que algo te haga dudar de ti, vuelve a preguntarte: ¿Esto me acerca a mí o me aleja? Esa simple pregunta es una forma de volver al lugar desde donde puedes cuidarte.

La salida no siempre es inmediata ni limpia, pero empieza en el mismo punto donde te perdieron: en tu confianza.
Recuperarla no es un acto de fuerza, sino de verdad.

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Referencias

  • Maté, G. (2022). El mito de la normalidad: trauma, enfermedad y sanación en una cultura tóxica. Barcelona: Urano.
  • Stines, A. (2018). Unmasking Narcissistic Abuse: Recovery for the Emotionally Abused. Los Angeles: Thought Catalog Books.
  • Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. New York: Viking.

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Nuestras 439 reseñas verificadas de Google | 4.8 ★★★★✬

Carolina Muñoz
Carolina Muñoz
4 meses atrás
Excelente espacio de atención psicológica. Es un lugar muy confortable, agradable y que transmite tranquilidad. Además, cuentan con varios psicólogos, lo cual brinda distintas opciones según las necesidades de cada persona. En mi caso me atiendo con Vianney Dorantes y ha sido una gran experiencia: es muy profesional, atenta y realmente sabe escuchar. Me hace sentir en un espacio seguro y de confianza, además pone mucha atención en los detalles de cada situación. Me he sentido muy a gusto en cada sesión y agradezco mucho su acompañamiento. La recomiendo ampliamente.
Marlen
Marlen
3 meses atrás
Mi experiencia personal ha sido excelente. Desde hace unos meses he asistido con la psicóloga Fátima Hernández, quien siempre se ha conducido con respeto, responsabilidad, tacto, ética, profesionalismo y paciencia en cada una de nuestras sesiones. Si bien los temas que hemos abordado han sido complicados, lo cierto es que me he sentido en plena confianza para tratarlos. Estoy agradecida de que existan profesionistas con tanta dedicación, diligencia y preparación como ella, así como centros como este, que han contribuido a la mejora de mi salud mental. Por su parte, el personal administrativo que me ha atendido en la recepción ha sido amable y atento. Finalmente, quisiera agregar que las instalaciones del lugar son cómodas, limpias, agradables y seguras, sin embargo, desconozco si existe un acceso para personas con movilidad limitada porque en la entrada solo he visto escaleras. En general recomiendo mucho los servicios del centro y en particular de la psicóloga Fátima Hernández.
Daniela Castillón
Daniela Castillón
2 meses atrás
Es una clínica con una atmósfera muy agradable y una muy buena ubicación; yo he llevado mi proceso con Rogelio y, honestamente, me parece un gran profesional. Sé que también ofrece la posibilidad de dar terapia de familia, pareja y hasta en otros idiomas, lo cual considero una gran ventaja. He sentido una mejoría evidente desde que inicié mi proceso. Si estás pensando en buscar acompañamiento psicológico, te lo recomiendo mucho, particularmente Rogelio, pero estoy segura que los otros profesionistas son igual de buenos.
Aylin Jacobo
Aylin Jacobo
4 meses atrás
Es un espacio muy ameno y profesional. Tuve el acompañamiento del psicológico Rodrigo Cordero. Una persona que da terapia con un trato muy humano, respetuoso y siempre manteniendo un papel profesional. De la misma forma ofrece una atención increíble, siempre se toma el tiempo de escucharte y de acompañarte durante todo el proceso incluso fuera de sesión, se siente el seguimiento constante. Siempre me brindó un espacio seguro donde pude ser completamente honesta, me cambió la perspectiva de muchos aspectos de mi vida e inclusive me ayudó a desarrollar herramientas para enfrentar mis conflictos día a día. Se nota el profesionalismo, la preparación y sobre todo la vocación genuina por ayudar. Lo recomiendo ampliamente si buscas a una persona totalmente empático, profesional, real y respetuoso y sobre todo interesada en buscar una mejoría personal.
Ale Arredondo
Ale Arredondo
3 meses atrás
Quiero recomendar mucho esta clínica porque mi experiencia ha sido muy positiva. Actualmente tomo terapia con Rogelio y Vianey, y algo que me gustó desde el inicio fue que me explicaron claramente el tipo de terapia con el que trabajan y cómo sería el proceso. Puede parecer algo sencillo, pero para mí fue muy importante entender qué podía esperar y cómo íbamos a trabajar. Después de haber tomado terapia en otros lugares, aquí siento que hay un verdadero hilo conductor entre sesión y sesión. No se sienten como conversaciones aisladas, sino como parte de un proceso que va construyéndose poco a poco. Conforme avanzo, me han ido cayendo muchos “veintes” sobre situaciones, patrones y formas de pensar que antes no lograba identificar. Además, siempre me he sentido en confianza, escuchada y acompañada. La atención es muy profesional, pero también muy humana, algo que valoro muchísimo. Si estás buscando un lugar para iniciar o continuar un proceso terapéutico serio, con profesionales preparados y un ambiente de confianza, definitivamente lo recomiendo. 💙 plus!! Pago con tarjeta, transferencia, factura, etc. y red wifi 😉
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