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Cómo sanar la relación con tu madre

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En este artículo encontrarás una guía para comprender por qué la relación madre-hija puede volverse difícil y qué pasos pueden ayudar a sanarla. Si buscas apoyo profesional, en R&A Psicólogos ofrecemos terapia individual y familiar para acompañarte en este proceso.

Escrito por: Psic. Selvia Vargas K.

La relación entre madre e hija suele ser una de las más intensas que vivimos: puede estar llena de amor y complicidad, pero también de choques, silencios y heridas que pesan con los años. A veces idealizamos cómo debería ser este vínculo y nos frustramos cuando no se parece a esa imagen perfecta; otras veces lo cargamos de culpas y resentimientos.

Sanar no significa olvidar ni tener una relación perfecta, sino encontrar una forma más amable y posible de estar juntas… o de estar en paz con nosotras mismas, aun si la otra persona no cambia.

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La relación entre madre e hija puede ser una fuente de amor y apoyo, pero también de choques, silencios y heridas que pesan con los años.

Madre e hija: un vínculo fuerte y complejo

La relación entre madre e hija suele ser una de las más importantes en la vida, pero también una de las más difíciles. No solo se juega lo familiar y lo afectivo: también están presentes las historias personales de cada una, las dinámicas familiares y las expectativas sobre cómo debería ser esa relación.

Vivimos en una cultura que muchas veces pone a competir a las mujeres entre sí. Esta lógica también atraviesa los vínculos madre-hija: a veces se idealiza demasiado la relación (como si todo tuviera que ser perfecto) y otras veces se le llena de culpas y reproches.

Por ejemplo, en ocasiones las mujeres suelen tomar decisiones en su vida con el fin de satisfacer las expectativas familiares, particularmente las de su madre, lo que las lleva no solo a sentir frustración o insatisfacción en su vida, sino a crecer resentimiento por su madre.

Asimismo, la figura de la madre suele ser juzgada de manera amplia y constante, lo que puede llevar a las hijas a volverse juezas de sus madres, colocando en ellas roles y expectativas irreales e injustas.

Aun con sus dificultades, este vínculo puede ser una fuente muy poderosa de apoyo y crecimiento; justamente en su importancia está también la posibilidad de transformarlo y hacerlo más sano para ambas.

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 ¿Por qué se fractura la relación?

Las fracturas en la relación madre-hija no aparecen de la nada. Suelen estar relacionadas con varios factores, como:

  • Expectativas poco realistas sobre el rol de cada una: esperar que las hijas sean obedientes y calladas, y que las madres sean complacientes y cuidadoras.
  • Mandatos sobre la maternidad y la feminidad: que imponen estereotipos que fracturan la relación cuando una o ambas se dan cuenta que no es posible cumplirlos.
  • La idea de que “la familia lo es todo”: lo que puede llevar a forzar la convivencia o evitar poner límites.
  • Heridas emocionales previas: que se arrastran hacia este vínculo.
  • Diferencias en las etapas de vida: por ejemplo, cuando la hija crece y busca otros espacios que habitar y la madre lo siente como rechazo; o cuando la madre se retira y prioriza su recreación y la hija lo interpreta como falta de cuidado.
  • Falta de comunicación: que impide resolver conflictos y genera más distancia.

Roles como la madre perfecta o la hija ejemplar imponen exigencias imposibles que, al no cumplirse, generan decepción y conflicto.

Mandatos de género que atraviesan la relación

La cultura patriarcal en la que se gestan las relaciones entre mujeres, impone mandatos de género que moldean la forma en cómo se construyen los vínculos y cómo se perciben una a la otra. La relación madre e hija no escapa de esta dinámica, por lo que en ocasiones estos mandatos contribuyen de manera importante en los conflictos que se dan.

Roles como “la madre perfecta” o “la hija ejemplar” le pueden colocar a cada una exigencias y expectativas mutuas que, al no cumplirlas, generan decepción, y por lo tanto, conflictos.

Por ejemplo, a las madres siempre se les atribuye paciencia, abnegación y disponibilidad completa; cuando una mujer pone límites o prioriza su bienestar sobre el del resto de su familia, se le acusa de “mala madre” o de ser “egoísta”. Cuando son las hijas quienes tienen expectativas irreales sobre sus madres, pueden llegar a sentirse abandonadas o descuidadas, quitándoles con ello el derecho a priorizarse.

Hacia las hijas suele haber expectativas de obediencia, comprensión, agradecimiento e incluso, cuando ya son adultas, se les exige cuidado y protección. Por lo tanto, cuando una mujer sigue sus deseos y necesidades y estos no coinciden con los de su madre y el resto de la familia, suele ser vista como “rebelde” o “desagradecida”.

Asimismo, es común que en los vínculos entre madre e hijas exista competencia y comparaciones que tensionan la relación, ya sea porque las hijas compiten con sus madres, o viceversa.

Además, cuando existen conflictos entre ellas, la comunicación suele ser complicada debido a la falta de claridad y confianza para expresarse mutuamente sus emociones, ya que existe miedo de lastimar a la otra debido al rol de cuidadoras que se les impone a todas las mujeres.

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El impacto emocional

Cuando la relación está lastimada, ambas lo sienten. Algunas consecuencias comunes son:

  • Sensación de incomprensión: cuando hay ciertas expectativas de cuidado y comprensión pero la otra no es capaz de brindarlas.
  • Culpa o autorreproches: por ejemplo cuando las madres sienten que los problemas de sus hijas son su culpa, o viceversa.
  • Dificultad para poner límites por querer cumplir el rol de cuidado mutuo.
  • Frustración y enojo al no encontrar una forma de relacionarse de manera sana y/o al sentir que no cumplen con ciertas expectativas.
  • Tristeza o aislamiento dentro de la familia que amplifican la distancia y el silencio.

Lo importante es reconocer que este dolor es real y que no hay que minimizarlo: lo que pasa en este vínculo impacta de manera profunda en la vida de las dos.

Reconocer lo que sentimos en este vínculo es solo el inicio; después viene el reto de buscar pequeñas formas de cuidarlo y transformarlo, sin esperar soluciones perfectas ni inmediatas.

 Claves para generar una relación más sana

Sanar no significa borrar el pasado ni tener una relación perfecta, sino encontrar una manera más amable de estar juntas. Algunos pasos que pueden ayudar son:

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  • Validar lo que duele.

    Poner en palabras lo que nos lastima ayuda a mirarlo de frente. Por ejemplo: “Cuando me comparas con mi hermano, me duele”, o “Siento que me culpas por las decisiones que has tomado en tu vida”.

  • Diferenciar responsabilidad de culpa.

    Cada una tiene su parte; cargar con todo o culpar del todo a la otra solo genera más distancia.

  • Revisar las expectativas desde un ejercicio de honestidad con una misma.

    Muchas veces aparecen mandatos de género que conviene cuestionar. Por ejemplo preguntarse: “¿Espero que mi mamá esté disponible para mí todo el tiempo?”, o “¿Me siento decepcionada porque mi hija no estudió lo que yo quería que estudiara?”

  • Aceptar las diferencias.

     No siempre se va a coincidir en todo, reconocerlo abre espacio a una convivencia más respetuosa.

  • Tomar en cuenta las etapas vitales.

    Reconocer que ambas se encuentran en momentos distintos de sus vidas puede ayudar a armonizarlos. Por ejemplo, interesándose por comprender qué desea y necesita la otra en este momento de su vida e identificar aquello que se puede compartir y lo que no.

  • Mirar más allá del rol.

    Se puede generar empatía al ver a tu madre o hija como persona, con su propia historia, incluso reconocer y valorar aquellos aspectos de la otra que se muestran “rebeldes” a los mandatos de género. Por ejemplo, celebrar que tu mamá se toma vacaciones con sus amigas o que tu hija no quiere ser madre.

  • Cuidar las necesidades propias.

    Esta es otra forma de desafiar los roles de género que nos imponen el descuido propio y la priorización de las necesidades ajenas. Para cuidar a la otra, también es importante cuidarnos.

  • Reconocer cuando se necesita distancia.

    A veces sanar también implica separarse o poner límites claros. Esto no significa que la distancia sea permanente o que el amor y el cariño disminuyan, solo es reconocer que este momento no es posible vivirlos en cercanía.

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Pero no siempre se puede caminar juntas en este proceso. Aun así, es posible empezar a sanar desde una misma y encontrar un lugar más sereno dentro de la relación.

Sanar no significa olvidar ni justificar, sino aprender a vivir con más calma y ligereza.

Sanar por una misma

Sanar la relación entre madre e hija requiere que ambas partes tengan disposición de hacerlo, sin embargo esto no siempre es posible debido a los procesos personales o decisiones de cada una.

Si la otra no está en disposición se puede sanar de manera personal y encontrar una mejor manera de convivir con esa relación. Esto es posible enfocando el trabajo personal en el autocuidado, en reconocer lo que es importante para una misma y las habilidades, saberes y herramientas con los que cuentas para cuidarlo.

Sanar no significa olvidar ni justificar, sino aprender a vivir con más calma y ligereza.

En ese camino, contar con recursos que acompañen y den claridad puede marcar la diferencia.

Recursos y herramientas de apoyo

Algunos recursos que pueden ayudar en el proceso de sanar la relación:

  • Terapia individual o familiar. Espacios como la terapia sistémica o narrativa permiten mirar la relación desde otra perspectiva.
  • Escritura terapéutica. Llevar un diario, escribir lo que sentimos o hacer una “carta no enviada” puede ordenar emociones.
  • Círculos de mujeres o grupos de apoyo. Compartir experiencias con otras madres e hijas que atraviesan lo mismo ayuda a sentirse menos sola.
  • Pequeños gestos. A veces sanar empieza con un detalle sencillo: compartir un café, mandar un mensaje, escuchar sin interrumpir.

Sanar la relación madre-hija no siempre significa volver a estar unidas de la misma forma. A veces se trata de construir algo nuevo y más realista; otras, de poner límites para cuidarse. Lo importante es que, de una u otra manera, es posible vivir este vínculo con más paz.

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Referencias

  • Gamboa Solís, Flor de María; Orozco Guzmán, Mario, 2012, De madres e hijas y nuevas maternidades:, https://www.redalyc.org/pdf/884/88426896004.pdf
  • Blanco Falero, Rossana, 2019, Entre madres e hijas: discusiones feministas sobre el legado: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/6868090.pdf

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Nuestras 439 reseñas verificadas de Google | 4.8 ★★★★✬

Carolina Muñoz
Carolina Muñoz
4 meses atrás
Excelente espacio de atención psicológica. Es un lugar muy confortable, agradable y que transmite tranquilidad. Además, cuentan con varios psicólogos, lo cual brinda distintas opciones según las necesidades de cada persona. En mi caso me atiendo con Vianney Dorantes y ha sido una gran experiencia: es muy profesional, atenta y realmente sabe escuchar. Me hace sentir en un espacio seguro y de confianza, además pone mucha atención en los detalles de cada situación. Me he sentido muy a gusto en cada sesión y agradezco mucho su acompañamiento. La recomiendo ampliamente.
Marlen
Marlen
3 meses atrás
Mi experiencia personal ha sido excelente. Desde hace unos meses he asistido con la psicóloga Fátima Hernández, quien siempre se ha conducido con respeto, responsabilidad, tacto, ética, profesionalismo y paciencia en cada una de nuestras sesiones. Si bien los temas que hemos abordado han sido complicados, lo cierto es que me he sentido en plena confianza para tratarlos. Estoy agradecida de que existan profesionistas con tanta dedicación, diligencia y preparación como ella, así como centros como este, que han contribuido a la mejora de mi salud mental. Por su parte, el personal administrativo que me ha atendido en la recepción ha sido amable y atento. Finalmente, quisiera agregar que las instalaciones del lugar son cómodas, limpias, agradables y seguras, sin embargo, desconozco si existe un acceso para personas con movilidad limitada porque en la entrada solo he visto escaleras. En general recomiendo mucho los servicios del centro y en particular de la psicóloga Fátima Hernández.
Daniela Castillón
Daniela Castillón
2 meses atrás
Es una clínica con una atmósfera muy agradable y una muy buena ubicación; yo he llevado mi proceso con Rogelio y, honestamente, me parece un gran profesional. Sé que también ofrece la posibilidad de dar terapia de familia, pareja y hasta en otros idiomas, lo cual considero una gran ventaja. He sentido una mejoría evidente desde que inicié mi proceso. Si estás pensando en buscar acompañamiento psicológico, te lo recomiendo mucho, particularmente Rogelio, pero estoy segura que los otros profesionistas son igual de buenos.
Aylin Jacobo
Aylin Jacobo
4 meses atrás
Es un espacio muy ameno y profesional. Tuve el acompañamiento del psicológico Rodrigo Cordero. Una persona que da terapia con un trato muy humano, respetuoso y siempre manteniendo un papel profesional. De la misma forma ofrece una atención increíble, siempre se toma el tiempo de escucharte y de acompañarte durante todo el proceso incluso fuera de sesión, se siente el seguimiento constante. Siempre me brindó un espacio seguro donde pude ser completamente honesta, me cambió la perspectiva de muchos aspectos de mi vida e inclusive me ayudó a desarrollar herramientas para enfrentar mis conflictos día a día. Se nota el profesionalismo, la preparación y sobre todo la vocación genuina por ayudar. Lo recomiendo ampliamente si buscas a una persona totalmente empático, profesional, real y respetuoso y sobre todo interesada en buscar una mejoría personal.
Ale Arredondo
Ale Arredondo
3 meses atrás
Quiero recomendar mucho esta clínica porque mi experiencia ha sido muy positiva. Actualmente tomo terapia con Rogelio y Vianey, y algo que me gustó desde el inicio fue que me explicaron claramente el tipo de terapia con el que trabajan y cómo sería el proceso. Puede parecer algo sencillo, pero para mí fue muy importante entender qué podía esperar y cómo íbamos a trabajar. Después de haber tomado terapia en otros lugares, aquí siento que hay un verdadero hilo conductor entre sesión y sesión. No se sienten como conversaciones aisladas, sino como parte de un proceso que va construyéndose poco a poco. Conforme avanzo, me han ido cayendo muchos “veintes” sobre situaciones, patrones y formas de pensar que antes no lograba identificar. Además, siempre me he sentido en confianza, escuchada y acompañada. La atención es muy profesional, pero también muy humana, algo que valoro muchísimo. Si estás buscando un lugar para iniciar o continuar un proceso terapéutico serio, con profesionales preparados y un ambiente de confianza, definitivamente lo recomiendo. 💙 plus!! Pago con tarjeta, transferencia, factura, etc. y red wifi 😉
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