Heridas de la infancia
Las 5 heridas emocionales y sus máscaras: guía completa
En este artículo, profundizamos en las heridas emocionales de la infancia, esas cicatrices invisibles que, aunque comunes, pueden impactar profundamente nuestras vidas adultas. Exploraremos cada una de las 5 heridas, los mecanismos de defensa que generamos para protegernos y cómo afectan nuestras relaciones y bienestar emocional. Si sientes que tus heridas de la infancia siguen afectando tu vida adulta, la terapia para trauma en CDMX puede ayudarte a procesar esas experiencias en un espacio seguro.
Escrito por Psic. Rogelio Argüello S.

Es importante subrayar que el dolor es parte de la vida y que es natural que los padres puedan equivocarse y ocasionar cierto daño y sufrimiento a sus hijos. Las heridas de la infancia no se ocasionan simplemente porque los padres lastimaron a sus hijos, pues esto supondría esperar que los padres fueran perfectos; las heridas de la infancia son el resultado no de experimentar dolor sino de haber sido abandonados en ese dolor (como lo enseña Gabor Maté).
Estas heridas se manifiestan en la vida adulta como máscaras que ocultan miedos y dolores profundos. Pero, qué ocultan realmente estas máscaras?
Haz abajo el test de Heridas de la infancia
Averigua el cómo afectan las heridas emocionales de la infancia en tu día a día.

"La seguridad no es la ausencia de amenaza, es la presencia de conexión" Gabor Maté
Herida del abandono
La herida del abandono es una angustia emocional profunda que se forma cuando una persona percibe que es dejada atrás o no recibe el cuidado necesario, en específico por parte de sus padres o tutores. El niño puede sentir que sus necesidades emocionales no son atendidas, ya sea por negligencia, abandono físico o emocional, . Esta herida es profundamente dolorosa y genera una sensación de desprotección, inseguridad, y una necesidad constante de apoyo externo. La herida surge en el/la niño/a tras experimentar ese dolor, y principalmente al ser dejado solo emocionalmente en el sufrimiento.

Esta experiencia de abandono se extiende en la vida adulta y crea patrones de comportamiento que dificultan la construcción de relaciones saludables.
Herida: Dependencia emocional

Actitudes y comportamiento del dependiente emocional
Algunas actitudes que lo caracterizan:
- Necesita apoyo constante
- Se siente abandonado y desatendido con facilidad
- Busca atención de los demás para sentirse bien
- Tiende a dramatizar y a victimizarse
- Se le dificulta tomar decisiones por sí mismo/a, sin la aprobación de los demás
- Le preocupa mucho la soledad, por lo que hace cosas para evitarla, como aferrarse o ser muy complacivos
- Se le dificulta recibir un No y aceptar un rechazo
- Puede ser invasivo y no respetar límites
- Puede manipular y chantajear paro obtener lo que quiere
- Tiene miedo al futuro y a afrontar los cambios solo
- Puede tener ideas suicidas en caso de crisis
Consecuencias en la vida adulta:
En las relaciones interpersonales, la dependencia excesiva puede conducir a relaciones codependientes, donde la persona teme la soledad y busca constantemente la aprobación y el apoyo emocional de otros, lo que ocasiona falta de autonomía.
Impacto en la crianza: Los padres con heridas de abandono no resueltas tienden a proyectar sus miedos e inseguridades en sus hijos, buscando reconocimiento constante y mostrando dificultades para aceptar la individualidad de estos. Cuando los hijos expresan ideas diferentes o buscan autonomía, los padres pueden sentirse amenazados, lo que provoca comportamientos de rechazo y control que afectan negativamente la relación y el desarrollo emocional de los hijos. Esto puede llevar a que los hijos desarrollen un miedo profundo a la soledad y una dependencia similar.
Respecto a la conducta en la vida personal, el miedo a la soledad puede llevar a que la persona acepte situaciones o relaciones insatisfactorias por temor a estar sola. Esto ocasiona altibajos emocionales y socava la autoestima y bienestar emocional en general.
Herida de rechazo
La herida del rechazo es una de las más tempranas y profundas que surge en una persona. Ocurre cuando un niño siente que no es aceptado o valorado por quienes lo rodean, sus cuidadores o sus figuras importantes en su vida, especialmente el del mismo sexo. Este rechazo puede ser consciente o inconsciente, pero tiene un impacto devastador en el desarrollo emocional del niño.
La herida de rechazo suele manifestarse cuando el niño percibe que no cumple con las expectativas de su padre o madre, o cuando uno de los padres se muestra distante, crítico o incluso ausente, emocional o físicamente.

A veces surge por la intromisión de un familiar externo al núcleo, por ejemplo una abuela o un suegro que construyen el relato de que por trabajar demasiado tiempo los padres no quieren estar con sus hijos. De cualquier forma, esto crea en el niño la sensación de no ser lo suficientemente bueno o digno de amor, y de falta de valor personal que persisten en la vida adulta.
Máscara: Fugitivo o fuga emocional

Un riesgo de esta estrategia de defensa es que, al minimizar su propia presencia en la vida de los demás con la creencia de que así evitará ser notada y, por lo tanto, rechazada, la persona puede intensificar su sentimiento de aislamiento y soledad. Esta actitud de invisibilización no solo perpetúa, sino que también profundiza el ciclo de rechazo y autoexclusión.
Actitudes y comportamientos:
- Tienen una tendencia a la huida. Evitan situaciones o personas que puedan generarle incomodidad.
- Se considera a sí misma como "nula" o de poco valor.
- Tienen dificultades para relacionarse. Prefieren la soledad y evita establecer relaciones profundas por miedo a ser rechazada.
- Se refugian en su mundo interior imaginario para escapar de la realidad.
- Temen entrar en pánico, lo que les lleva a evitar situaciones percibidas como amenazantes.
- Suelen tener pocos amigos y aislarse socialmente. Esto refuerza su sensación de rechazo.
- Tienden a autocriticarse constantemente; desvalorizan sus logros y compararse con los demás.
- Tienen problemas para expresar sus necesidades y emociones, por temor al rechazo.
- No tienen apego por posesiones materiales, pues las ven como superfluas y prefieren enfocarse en lo intelectual.
- Evitan tener opiniones o hacer solicitudes, para evitar molestar a los demás. Esto les genera problemas de comunicación.
- Siente que no pertenece o que es diferente a los demás.
Consecuencias en la vida adulta:
En las relaciones Interpersonales, la constante fachada de autosuficiencia conduce a construir relaciones distantes y superficiales. El miedo al rechazo ocasiona que las personas mantengan a los demás a distancia, lo que interfiere en la formación de relaciones profundas y significativas.
En la conducta general, para evitar el rechazo, las personas pueden volverse controladoras y manipuladoras, intentando manejar situaciones y relaciones, lo que puede dañar la confianza y la comunicación.
El impacto en la crianza de los hijos. Los padres con heridas de rechazo no resueltas pueden ser emocionalmente distantes, proyectando sus propios miedos e inseguridades en sus hijos. Esto puede llevar a una falta de apoyo emocional, donde los hijos crecen sintiéndose poco valorados y desconectados, perpetuando un ciclo de rechazo y conflictos en la relación padre-hijo.
Efectos de las heridas emocionales
Con este test obtendrás resultados sobre qué tanto te afectan las heridas emocionales de la infancia, revelando cómo influyen en tu personalidad y comportamiento actual.
Haz clic en los nombres de las heridas para interactuar con la gráfica.
Herida de humillación
La herida de humillación surge cuando un niño, entre los 1 y 3 años de edad, se siente rebajada, degradada, avergonzada, menospreciada o ridiculizada por el control o las acciones de sus padres o tutores, especialmente en situaciones relacionadas con el cuerpo o la sexualidad. Esta experiencia suele estar relacionada al entorno físico, como aprender a controlar el cuerpo o a ser limpio. El niño percibe que sus padres, especialmente la madre, sienten vergüenza por su comportamiento o apariencia, lo que despierta en él un sentimiento profundo de humillación.

Máscara: Masoquismo

Actitudes y comportamientos:
- Siente vergüenza con frecuencia, de sí mismo/a y de lo demás
- Busca complacer a los demás, sacrificando sus propios deseos y necesidades.
- Se autocastiga antes de que otros puedan hacerlo, para amortiguar el dolor de una posible humillación.
- Presta mucha atención y controla a su entorno y a las personas cercanas para evitar sentir humillación.
- Es sumamente sensible a la crítica, siente cualquier comentario negativo como ataque directo
- Tiene miedo de mostrarse tal como es, por miedo a ser juzgado o a que se burlen de él/ella (es poco auténtico/a).
- Puede compensar sus sentimientos de humillación comiendo en exceso.
- Tiende a reprimir deseos sexuales por vergüenza
- Pueden castigarse a sí mismos antes de que otros puedan hacerlo, con el fin de disminuir el dolor de una posible humillación externa
- Suele tener conductas masoquistas, entrando en situaciones o en relaciones que lo/a humillan, lo que refuerza su herida emocional
- Se le dificulta expresar sus verdaderos deseos y necesidades, por no incomodar a otros y miedo al juicio
- Tienen bajan autoestima, se ven a sí mismos como indignos, malproporcionados, o inferiores a los demás.
- Les cuesta establecer límites claros en sus relaciones, lo que les lleva a sentirse invadidos o abusados por los demás.
Consecuencias en la vida adulta:
En las relaciones, la persona puede tener dificultades para establecer límites saludables, lo que la lleva a aceptar situaciones degradantes o a actuar de manera autodestructiva.
En la crianza, estos adultos pueden imponer un control excesivo sobre sus hijos, pueden ser muy críticos o estrictos, proyectando su miedo a la vergüenza en ellos, lo que puede crear un entorno restrictivo y de escasa libertad, de alta exigencia y poca empatía.
Además, el miedo a la libertad y a perder el control puede llevarlos a sabotear sus propios logros y felicidad, perpetuando un ciclo de autohumillación y sacrificio innecesario.

¿Qué tan presentes están las heridas emocionales en tu vida actual?
Este test de heridas emocionales te ayudará a explorar el impacto de cinco heridas comunes de la infancia: rechazo, abandono, humillación, traición e injusticia. A través de una serie de preguntas, podrás identificar si alguna de estas heridas no ha sido completamente sanada y cómo afecta tu autoestima, tus relaciones y tu visión personal.
Herida de traicion
La herida de traición se origina cuando un niño, entre los 2 y 4 años, experimenta una ruptura de confianza o siente que sus expectativas no se cumplen, particularmente en su conexión con el padre del sexo opuesto. Este sentimiento de traición puede surgir de situaciones en las que el niño percibe que no se respetan compromisos importantes o cuando sus necesidades emocionales no son atendidas adecuadamente, lo que afecta su desarrollo emocional y su capacidad para confiar en los demás.

Máscara: Control

Actitudes y comportamientos de la persona controladora
Estas son algunas de las características de de la persona controladora
- Tiene dificultad para confiar en los demás.
- Es controlador/a y tiene necesidad de supervisar constantemente a los demás para asegurarse de que cumplen con sus expectativas.
- Se siente especial y tiene necesidad de ser reconocido/a por sus logros y habilidades.
- Tiende a evitar el compromiso, por miedo a la traición y/o el abandono.
- Utiliza la manipulación, la persuación y/o la persuación para obtener lo que quiere.
- Se enoja con facilidad cuando las cosas no salen como esperaba, o cuando siente que alguien no cumple con lo que se comprometió.
- Tiende a mentir o distorsionar la verdad, para cuidar su imagen y no ser visto/a como débil.
- Tiene cambios de humor drásticos y frecuentes. Oscila entre ser afectuoso y enojado en cuestión de momentos.
- Le cuesta delegar a otros, por desconfianza en la capacidad de los demás para hacerlas bien.
- Tiende a ser impaciente e intolerante con la lentitud, incompetencia o equivocaciones percibida en otros.
- Teme la separación, lo que le lleva a evitar vínculos profundos.
Consecuencias en la vida adulta:
En el ámbito de las relaciones interpersonales, quienes llevan la máscara del controlador suelen tener dificultades para confiar en los demás, lo que puede llevar a relaciones tensas y a menudo conflictivas. Su deseo de controlar puede generar fricciones, ya que intentan imponer su voluntad y expectativas sobre otros, lo que puede ser percibido como manipulación o dominación.
En la crianza, los padres con una herida de traición no resuelta tienden a ser excesivamente rígidos o autoritarios, con un temor de que sus hijos les falten el respeto o los decepciones. Además transmiten a sus hijos una presión excesiva por cumplir con ciertas expectativas, lo que puede generar en los niños un sentimiento de insuficiencia o rebeldía. Es probable también que el controlador tenga dificultades para permitir que sus hijos tomen sus propias decisiones, lo que puede limitar la autonomía y el desarrollo emocional saludable de los menores.
En la vida personal, el controlador a menudo lucha con el miedo a la traición, lo que puede impedirle comprometerse plenamente en relaciones o proyectos a largo plazo. Además, la incapacidad de delegar y confiar en otros se manifiesta en el trabajo en comportamientos micromanageriales, que resultan en un entorno con un alto nivel de estrés y agotamiento, tanto para la persona como para sus colegas.
Herida de injusticia
La herida de injusticia aparece cuando un niño, entre los 4 y 6 años, comienza a desarrollar su individualidad y se enfrenta a situaciones que percibe como injustas, especialmente en la relación con el padre o tutor del mismo sexo. La injusticia se experimenta cuando el niño siente que no lo valoran ni respetan adecuadamente, ya sea porque recibe menos de lo que cree que merece o, en algunos casos, más de lo que considera justo. La herida está relacionada también con la sensación de frialdad, críticas duras, comparaciones con otros o una actitud severa por parte de alguno de los padres o tutores.

Esto puede generar un sentimiento en el niño de desvalorización y a la creencia de que debe esforzarse continuamente para ser digno de amor y atención.
Máscara: Rigidez
Para protegerse del dolor de injusticia, las personas suelen desarrollar una máscara de rigidez. Esta rigidez se manifiesta como una necesidad constante de perfección y control, buscando evitar cualquier situación que pueda percibirse como injusta. Se esfuerzan en ocultar su sensibilidad y suelen aparentar frialdad y desapego, aunque en realidad son profundamente sensibles.
Actitudes y comportamientos de la persona rígida
Estas son algunas de las características de de la persona con rigidez
- Es perfeccionista, se preocupa constantemente por ser perfecto en lo que hace, con la idea de que así será justo consigo y con los demás.
- Tiende a ser muy exigente consigo mismo, imponiéndose constantemente estándares altos y llevándose al límite para cumplir con lo que considera correcto.
- Es muy cerrado en sus pensamientos y rígido en su postura física, con poca flexibilidad en sus decisiones y actitudes con los demás.
- Tiene dificultad para expresar sus emociones, y prefiere aparentar frialdad para protejerce de posibles crítica o injusticias.
- Intenta controlar de forma excesiva tanto sus emociones como su entorno, evitando toda situación que le haga sentir o parecer vulnerable o fuera de control.
- Tiende a compararse con los demás.
- Le resulta difícil recibir en general, aceptar regalos, cumplidos o ayuda sin senetir que no lo merece o que queda en deuda.
- Tiende a justificarse frecuentemente para explicar sus acciones y decisiones, principalmente cuando siente que ha fallado en algo.
- Tiende a sentir envidia, y a pensar que los demás le tienen envidia.
- Son muy optimistas, muchas veces para evitar enfrentar la realidad de situaciones incómodas.
- Tiene un sentimiento de injusticia constante; siente que recibe menos de lo que merece, pero también de más.
Consecuencias en la vida adulta:
En las relaciones interpersonales, las personas con máscara de rigidez tienden a ser frías y poco afectuosas. Su deseo de controlar y su incapacidad para mostrar vulnerabilidad dificultan la conexión emocional con los demás y crea una distancia en las relaciones.
En la crianza, los padres que no han resuelto su herida de injusticia pueden ser extremadamente exigentes con sus hijos, esperando que cumplan con expectativas irrealistas. Esto puede generar en los hijos sentimientos de insuficiencia y presión, afectando su autoestima y su desarrollo emocional. Los niños pueden sentirse constantemente evaluados y pueden llegar a evitar mostrar sus emociones por miedo a ser juzgados, creando un ambiente familiar en el que el error es inaceptable.
En la vida personal, la obsesión por evitar la injusticia puede llevar a un perfeccionismo paralizante, donde cualquier error es visto como inaceptable. Este enfoque puede generar un estrés significativo y llevar a la persona al agotamiento físico y emocional.
Las máscaras de las heridas
Frente al dolor que experimentan, y al ser dejados solos en su sufrimiento, los niños desarrollan desde la temprana infancia lo que se llaman "máscaras" o mecanismos de defensas para sobrellevar este el dolor asociado a sus heridas. Estas máscaras les permiten no solo enfrentar el sufrimiento sino también continuar con la vida siendo funcionales.
Las máscaras consisten en comportamientos y actitudes que tienen la función de ocultar lo que verdaderamente siente la persona, las verdaderas emociones y miedos que experimentan primero los niños y eventualmente la persona adulta.
Es importante comprender cuál es el funcionamiento de estas máscaras, para poder desmontarlas y poder atender y curar el dolor que hay detrás y afecta las distintas áreas de la vida. En un inicio, las máscaras cumplieron eficazmente su tarea de proteger al infante frente a las amenazas reales y para las cuales el niño no poseía (como es natural) los recursos para defenderse adecuadamente. Pero con el paso del tiempo, es crucial entender que las máscaras encubren el dolor y por lo tanto lo perpetúan, afectando las relaciones y el bienestar emocional general de la persona.
Identificar estas máscaras y desmontarlas es crucial para trabajar los traumas y heridas de la infancia, ya que permite atender directamente las emociones dolorosas subyacentes, lo que da lugar a una verdadera sanación y la reconstrucción de una vida emocionalmente saludable.
Estas son las máscaras de cada herida:
- Máscara de la herida de abandono: dependencia
- Máscara de la herida de rechazo: fuga emocional
- Máscara de la herida de humillación: masoquismo
- Máscara de la herida de traición: control
- Máscara de la herida de injusticia: perfeccionismo
Desde la experiencia en R&A Psicólogos
Es normal que no salgamos ilesos de la crianza de nuestros padres o cuidadores, ya que la vida es complicada y, muchas veces, ellos también cargan con sus propias heridas sin haberlas sanado. Reconocer y normalizar estas heridas emocionales de la infancia es un primer paso crucial hacia la sanación. Desde nuestra experiencia en R&A Psicólogos, hemos visto cómo este reconocimiento permite a nuestros pacientes aceptar y afirmar su pasado y reconectarse consigo mismos, dando lugar a una transformación profunda. Sanar las heridas de la infancia es posible con acompañamiento profesional. Conoce nuestra terapia psicológica especializada en trauma. Con un enfoque terapéutico que integra la autocompasión y técnicas como la terapia cognitivo-conductual o el psicoanálisis ayudamos a sanar las heridas del pasado y volver a estar en contacto con las emociones de forma equilibrada y auténtica.
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Infografías sobre la las heridas de la infancia




Referencias
Bourbeau, L. (2012). Les 5 blessures qui empêchent d’être soi-même.
- Maté, G. (2020). Cuando el cuerpo dice "NO": La conexión entre el estrés y la enfermedad. Gaia Ediciones.
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