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Terapia individual, de pareja o familiar: cómo saber cuál te corresponde

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Escrito por: Psic. Rogelio Argüello S.

¿Te pasa que llevas tiempo pensando que algo no está bien y, cuando por fin decides buscar ayuda, no sabes bien por dónde empezar? ¿Vas tú solo/a, vas con tu pareja, llevas a tu familia? ¿Y si eliges mal y pierdes tiempo en algo que no era?

Tiene sentido que dudes. La mayoría de las personas llegan a terapia después de meses, a veces años, intentando resolver algo por su cuenta. Y cuando finalmente dan el paso, descubren que la primera pregunta no es "¿cuándo empiezo?" sino "¿qué tipo de terapia me corresponde?". Y ahí muchas se quedan atoradas.

Lo que suele pasar es que cada modalidad responde a una pregunta distinta. La terapia individual, de pareja y familiar no compiten entre sí, y muchas veces se complementan: trabajan capas distintas del mismo malestar. A veces el malestar se concentra dentro de una persona. A veces se sostiene entre dos. A veces el sistema completo es el que está desorganizado. Saber dónde se está moviendo el problema ayuda a elegir por dónde empezar. Más adelante puede sumarse otra modalidad, según lo que el proceso vaya pidiendo (una terapia de pareja que conduzca a procesos individuales, o una terapia individual que se abra a un proceso de familia).

En este artículo vamos a ponerle estructura a esa decisión. Vas a entender qué hace cada modalidad, en qué situaciones aporta más, cuándo conviene combinarlas y cómo identificar cuál se ajusta a lo que estás atravesando. No para que llegues con un diagnóstico ya hecho, sino para que llegues con claridad sobre lo que necesitas plantear.

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Antes de elegir modalidad: dónde se está moviendo el problema

La pregunta más útil que puedes hacerte al inicio no es tanto "¿qué terapia necesito?", sino otra que casi no se hace: ¿dónde se está sosteniendo lo que me trajo hasta aquí?

A veces el malestar viaja contigo. Aparece en distintas relaciones, en distintos trabajos, en distintos momentos de tu vida, con variaciones, pero con un fondo reconocible. Aunque cambie el contexto, algo dentro de ti se activa de forma parecida. En esos casos, el trabajo principal suele ser interno: revisar cómo te vinculas, qué patrones repites, qué historia personal está operando por debajo.

Otras veces el malestar aparece dentro de un vínculo específico. Fuera de esa relación funcionas, te sostienes, te regulas. Pero al entrar en contacto con esa persona algo se desorganiza entre ustedes: la comunicación se rompe, los temas se repiten, el desgaste termina debilitando. Aquí el foco no está tanto en lo que cada uno carga individualmente, sino en lo que se sostiene entre los dos: el patrón que se activa cuando están juntos.

Y otras veces el malestar es del sistema. Un hijo que muestra los síntomas, pero cuando se mira de cerca se ve que la familia entera está atravesando algo: una separación, una pérdida, roles que se descolocaron, alianzas que se reorganizaron. La persona que llega a consulta no siempre es donde realmente está el conflicto.

Identificar dónde se está moviendo, dónde se está sosteniendo el problema no significa cerrar la puerta a otras modalidades. Significa elegir bien por dónde entrar. Un conflicto de pareja puede empezar a trabajarse de forma individual si uno solo está disponible para empezar. Un proceso individual puede beneficiarse de una sesión conjunta cuando el patrón relacional necesita ser visto en vivo. Y lo que parece un problema de un niño puede pedir terapia familiar, terapia individual infantil, o ambas en paralelo. La modalidad no es una etiqueta cerrada: es un punto de entrada al trabajo.

Lo que sigue a continuación es una descripción de cada modalidad pensada para que puedas ubicar la tuya: qué hace, en qué situaciones aporta más, y cuándo conviene plantearse otra ruta.

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¿Qué es la terapia individual? Cuando el trabajo es interno

La terapia individual es un espacio de uno a uno entre una persona y su terapeuta. Es la modalidad más conocida y también la más amplia: cabe casi cualquier motivo de consulta, desde ansiedad y depresión hasta heridas tempranas, conflictos vocacionales, duelos, dificultades para vincularse o sensaciones de bloqueo difíciles de nombrar.

Lo que define a la terapia individual no es el tema que se trabaja, sino el ángulo. El foco está en cómo tú te relacionas con lo que te pasa: qué interpretaciones haces, qué emociones se activan, qué patrones se repiten, qué historia personal está operando por debajo. Aunque hables de tu pareja, de tu familia, de tu trabajo, el trabajo terapéutico siempre regresa a ti: a tu modo de habitar esas relaciones y a lo que se mueve dentro de ti cuando ocurren.

Cuándo elegirla

  • Cuando el malestar te acompaña en distintas relaciones o etapas de tu vida, no solo en una situación puntual.
  • Cuando reconoces patrones que se repiten: discusiones que terminan igual, vínculos que se rompen de la misma forma, decisiones que parecen ciclos.
  • Cuando hay un tema personal que necesitas elaborar: una pérdida, una decisión importante, una etapa de cambio.
  • Cuando atraviesas un cuadro clínico que pide un espacio propio: ansiedad, depresión, trauma, dificultades de autoestima, problemas para regular emociones.
  • Cuando la otra persona involucrada no está disponible para un proceso conjunto, pero tú sí quieres trabajar lo que te toca.

Cuándo plantearse otra ruta

La terapia individual no siempre es la primera opción. Si el malestar aparece exclusivamente dentro de una relación y fuera de ella te sostienes sin dificultad, puede ser más eficiente empezar por el vínculo. Si lo que está descolocado es la dinámica familiar completa, trabajar solo con una persona del sistema puede dejar sin tocar lo que realmente sostiene el problema. En estos casos, la terapia individual puede sumarse después o en paralelo, pero no siempre conviene que sea el punto de entrada.

También conviene tener presente que la terapia individual es un proceso, no una consulta puntual. No se resuelve en dos sesiones ni se sostiene solo con buena intención: requiere tiempo, continuidad y disposición a mirar lo que aparece, incluso cuando incomoda.

Si crees que esta es la modalidad que te corresponde, puedes conocer más sobre el proceso en terapia individual en CDMX.

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¿Qué es la terapia de pareja? Cuando el vínculo es el foco

La terapia de pareja es un espacio donde las dos personas que integran la relación trabajan, junto con un terapeuta, en resolver las dificultades que generan obstáculo o malestar en la convivencia. No es un lugar para que un tercero decida quién tiene la razón, ni un tribunal donde se presentan pruebas. Es un espacio para mirar lo que se mueve entre los dos cuando están juntos: el patrón que se repite, no quién tiene la culpa.

Lo que define a la terapia de pareja no es que haya conflicto con la pareja, sino que el foco del trabajo es la relación misma. Aunque cada miembro tenga su propia historia, sus propias heridas, sus propias formas de reaccionar, en este espacio lo que se trabaja es cómo todo eso se encuentra, choca, cómo les afecta, se desorganiza o se sostiene cuando están juntos. El terapeuta no se alía con nadie: acompaña a ambos a ver el patrón compartido.

Cuándo elegirla

  • Cuando las discusiones se repiten con la misma estructura aunque cambien los temas, y ya no saben cómo salir del ciclo.
  • Cuando hay una herida de pareja específica que no logran reparar solos: una infidelidad, una traición de confianza, una crisis que dejó algo sin elaborar.
  • Cuando atraviesan una transición que los desorganizó: convivencia, llegada de un hijo, pérdida, cambios laborales, distancia geográfica.
  • Cuando la comunicación se rompió y los intentos por hablar terminan en escalada o en silencio.
  • Cuando uno o ambos están considerando una separación y quieren tomar la decisión con claridad, no desde la reactividad.
  • Cuando la conexión emocional o sexual se enfrió y quieren entender qué se interpuso antes de asumir que el vínculo se acabó.

Cuándo plantearse otra ruta

La terapia de pareja tiene un requisito importante: que ambos estén dispuestos a revisar lo propio.  Cuando uno de los dos llega obligado, sin disposición real a mirar lo que a cada uno le toca, el proceso se estanca y muchas veces se vuelve un escenario más de la misma dinámica. No significa que no sirva, pero conviene que esa falta de disponibilidad se aborde antes, no durante.

Hay situaciones donde la terapia de pareja no es lo primero que conviene plantear o incluso no es opción. Cuando existe violencia activa, física o psicológica sostenida, sentarse a "dialogar el conflicto" puede colocar a la persona en situación de mayor riesgo, y la revictimiza: en esos casos el primer paso es un trabajo individual y, cuando corresponde, intervención especializada. Cuando uno de los dos está atravesando un cuadro clínico que lo desborda, terapia individual primero o en paralelo suele dar mejor terreno para que el trabajo de pareja avance.

También conviene saber que un proceso de pareja, aunque sea por dos personas, no equivale a dos terapias individuales en el mismo espacio. Lo que se trabaja es la relación, no cada uno por su lado. Si lo que uno necesita es elaborar un tema profundamente personal, ese trabajo pide su propio espacio.

Si crees que esta es la modalidad que les corresponde, puedes conocer más sobre el proceso en terapia de pareja en CDMX.

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¿Qué es la terapia familiar? Cuando el patrón es del sistema

La terapia familiar es un espacio donde varios miembros de una familia trabajan, junto con un terapeuta, para resolver alguna situación problemática que ocurre entre ellos. No todos tienen que asistir siempre: a veces se trabaja con padres e hijos, a veces solo con los padres, a veces con hermanos, y la composición puede variar a lo largo del proceso. Lo que se mantiene es el foco: lo que se trabaja es la dinámica del grupo, no a cada miembro por separado.

Lo que define a la terapia familiar no es que toda la familia esté en crisis, sino que el problema se entiende como algo que el sistema sostiene. Aunque una sola persona muestre los síntomas (un hijo con dificultades escolares, un adolescente que se aísla, un adulto mayor que entró en conflicto), el trabajo asume que lo que aparece en uno está siendo sostenido, amplificado o reforzado por la dinámica completa. Eso no significa repartir culpas: significa entender que ningún miembro funciona en el vacío.

Cuándo elegirla

  • Cuando un hijo niño o adolescente presenta síntomas (ansiedad, problemas de conducta, bajo rendimiento en la escuela, aislamiento) y se sospecha que la dinámica familiar está sosteniendo el problema.
  • Cuando un adolescente tiene problemas de conducta o emocionales pero está renuente a acudir a terapia para adolescentes: el hablarlo en familia suele animarlo a trabajar.
  • Cuando la familia atraviesa una transición que la desorganizó: separación, llegada de un nuevo miembro, mudanza, enfermedad, pérdida, partida de un hijo.
  • Cuando los conflictos se repiten entre los mismos miembros sin lograr resolverse: peleas frecuentes entre padres e hijos, alianzas que excluyen a alguien, comunicación que se rompe siempre en el mismo punto.
  • Cuando hay que reorganizar roles tras un cambio importante: una familia reconstituida, una pareja que se separa pero sigue criando a los hijos, o cuando existe un cuidador, por ejemplo una familia que cuida a un adulto mayor.
  • Cuando un miembro tiene un diagnóstico clínico (un trastorno alimenticio, una adicción, un cuadro psiquiátrico) y el resto necesita aprender a sostener el proceso sin que la familia entera quede absorbida.

Cuándo plantearse otra ruta

La terapia familiar requiere que los miembros relevantes puedan asistir y participar con cierta apertura. Cuando uno de los adultos clave se niega a involucrarse, o cuando la dinámica está tan tensa que reunirse en sesión escala el conflicto en lugar de contenerlo, conviene un trabajo previo. A veces ese trabajo es individual con uno o varios miembros, a veces es de pareja entre los padres, y solo después se abre el espacio familiar.

También hay situaciones donde lo familiar no es el primer ángulo. Si un niño o adolescente atraviesa un cuadro que necesita evaluación y tratamiento específicos, suele ser más eficaz una terapia infantil o para adolescentes individual, y abrir sesiones familiares en momentos puntuales del proceso del menor. La terapia familiar acompaña al trabajo individual; no siempre lo sustituye.

Conviene tener presente que la terapia familiar opera distinto a las otras dos modalidades: requiere coordinar agendas de varias personas, manejar dinámicas grupales en sesión, y un encuadre que sostenga a todos sin alianzas. Es un trabajo valioso, pero exige un grado de compromiso compartido que no siempre está disponible al inicio.

Si crees que esta es la modalidad que les corresponde, puedes conocer más sobre el proceso en terapia familiar en CDMX.

Tabla comparativa: terapia individual, de pareja y familiar

Esta tabla resume las tres modalidades para que puedas ubicar rápidamente cuál se acerca más a lo que estás atravesando. No es un criterio definitivo, pero sirve como una guía o punto de partida.

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Terapia individualTerapia de parejaTerapia familiar
Quién asisteUna personaLas dos personas de la relaciónVarios miembros de la familia (la composición puede variar entre sesiones)
Foco del trabajoCómo te relacionas con lo que te pasa: emociones, patrones, historia personalLo que se mueve entre los dos: el patrón que se repite cuando están juntosLa dinámica del grupo y cómo el sistema sostiene lo que aparece en uno o varios miembros
Cuándo se elige típicamenteEl malestar te acompaña en distintas relaciones o etapas; hay un tema personal que elaborar; atraviesas un cuadro clínico propioEl conflicto se concentra dentro de un vínculo específico; hay una herida de pareja que reparar; una transición desorganizó la relaciónUn hijo presenta síntomas y la dinámica familiar parece sostenerlos; una transición desorganizó al sistema; hay que reorganizar roles
Qué no esUn espacio para hablar solo de los demás; una consulta puntual de uno o dos encuentrosUn tribunal para definir culpas; dos terapias individuales en el mismo espacioUna sesión donde todos tienen que asistir siempre; una forma de señalar a un miembro como responsable

Si después de leer la tabla sigues sin tener claridad, no es una mala señal. Significa que quizás tu situación no encaja limpiamente en una sola modalidad, y eso suele indicar que conviene plantearlo en una primera sesión de orientación, donde un profesional puede ayudarte a ubicar el punto de entrada más útil.

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¿Cómo saber cuál te corresponde?

Después de leer las descripciones, puede que ya tengas una intuición clara. O puede que sigas dudando, sobre todo si tu situación toca varias capas a la vez. Las preguntas que siguen no son un test ni dan un diagnóstico: son preguntas espejo, pensadas para que puedas observar dónde se está sosteniendo lo que estás atravesando actualmente.

Léelas sin prisa. Lo importante no es contestar rápido, sino notar hacia dónde se inclina tu respuesta.

Sobre dónde aparece el malestar

  • Lo que sientes, ¿aparece en distintas relaciones y momentos de tu vida, o se concentra en un vínculo específico?
  • Cuando estás solo, ¿se calma o sigue presente?
  • ¿Reconoces patrones tuyos que se repiten, aunque cambien las personas a tu alrededor?

Sobre la relación de pareja (si aplica)

  • Las discusiones que tienen, ¿terminan siempre en el mismo punto, aunque empiecen por temas distintos?
  • ¿Sientes que la conversación se rompe antes de poder resolverla?
  • ¿Hay algo entre los dos que no logran reparar solos: una herida, una distancia, una sensación de desconexión que no cede?
  • ¿Ambos están, al menos un poco, disponibles para revisar lo que les toca?

Sobre la dinámica familiar (si aplica)

  • ¿Hay un miembro de la familia que muestra síntomas (un hijo, un adolescente, alguien más) y al mirar de cerca aparece que la dinámica completa está atravesando algo?
  • ¿Atraviesan una transición que descolocó a la familia: una separación, una pérdida, un cambio importante?
  • ¿Los conflictos se repiten entre los mismos miembros y no logran salir del ciclo?

Una pregunta que cruza todas

Si tuvieras que describir el problema en una frase, ¿la frase hablaría sobre ti, sobre tu relación con alguien, o sobre algo que está pasando en tu familia?

Esa primera persona gramatical suele ser un indicador útil. "No me siento bien conmigo misma" apunta a individual. "No logramos entendernos" apunta a pareja. "Algo no está funcionando en la casa" apunta a familiar.

Y si la frase tiene partes de las tres, es señal de que vale la pena plantearlo en una primera sesión, donde se puede decidir por dónde empezar sin tener que resolverlo solo.

Ahora, una aclaración importante: estas modalidades no son excluyentes. Es frecuente combinarlas, sobre todo cuando el cuadro tiene varias capas. Una persona puede estar en terapia individual y, en algún momento del proceso, abrir sesiones de pareja para trabajar algo específico (la pareja puede llegar como invitado a tu proceso individual, o pueden abrir un proceso nuevo con otro terapueta). Una pareja puede iniciar juntos y darse cuenta de que uno de los dos necesita un proceso individual paralelo. De hecho, generalmente los procesos de pareja terminan con una recomiendación de tomar cada uno un proceso individual para afianzar lo logrado en el espacio de terapia de pareja. Una familia puede empezar en terapia familiar y derivar parte del trabajo a sesiones individuales con uno de los miembros. La pregunta no es "¿cuál escojo para siempre?", sino "¿por dónde conviene empezar?".

Y si después de todo esto sigues sin tener certeza, tampoco es un problema. Una primera sesión de orientación con un profesional puede ayudarte a ubicar la modalidad más útil para tu caso. Llegar con dudas no retrasa el proceso: muchas veces la primera consulta es exactamente eso, un espacio para definir el encuadre antes de empezar el trabajo.

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Empezar es lo que cambia el panorama

Lo más difícil de pedir ayuda no suele ser la primera sesión: es la decisión previa, ese tiempo en el que se piensa, se duda, se pospone, se vuelve a pensar. Si llegaste hasta aquí leyendo, probablemente ya estás en ese tramo. Y eso, aunque no lo parezca, ya es parte del proceso.

Elegir entre terapia individual, de pareja y familiar no es una decisión definitiva. Es un punto de entrada, y a veces ni siquiera ese punto se define solo: se define en conversación con un profesional que escucha cómo lo cuentas y ayuda a ubicar por dónde conviene empezar. Si después el proceso pide ajustar la modalidad, combinarla con otra, o moverse a un encuadre distinto, eso también se resuelve sobre la marcha.

En R&A Psicólogos acompañamos procesos de terapia individual, terapia de pareja y terapia familiar en CDMX, tanto presencial como en línea. Si lo que leíste resonó con algo de lo que estás atravesando, puedes agendar una sesión de orientación de 15 minutos para resolver tus dudas, agendar una primera sesión si ya tienes claro por dónde quieres empezar, o escribirnos si prefieres plantearlo por mensaje. No necesitas tener claridad completa para dar el primer paso. Muchas veces, esa claridad llega justamente cuando empieza el proceso.

 

Señales de que necesitan ayuda profesional

No hay un momento único en que una pareja "deba" ir a terapia. Pero sí hay señales que, cuando aparecen y se sostienen en el tiempo, indican que el vínculo está operando al límite de lo que pueden resolver solos. Reconocerlas a tiempo cambia mucho lo que es posible hacer.

Algunas de las más frecuentes:

  • Las mismas discusiones se repiten sin moverse. No importa cuánto se hable, cuánto se intente o cuánto se acuerde: regresan al mismo punto, con las mismas palabras, con el mismo final.
  • Después de una pelea, no nunca llega la reparación. Antes había reconciliación, abrazo, conversación que cerraba. Ahora queda un silencio largo, o se pasa a otro tema sin haber resuelto nada. La distancia se va acumulando.
  • Hablar se volvió riesgoso. Hay temas que ya no se tocan porque se sabe cómo van a terminar. Lo que se evita es cada vez más, y lo que se puede conversar, cada vez menos.
  • Aparecen el desprecio, la descalificación, la impaciencia o el sarcasmo de manera frecuente. No discusiones acaloradas: comentarios que hieren, gestos que minimizan, ironías que dejan marca. Cuando esto se instala, el vínculo se erosiona rápido.
  • Uno o ambos se sienten emocionalmente solos dentro de la relación. La sensación de estar acompañados se perdió, aunque sigan viviendo juntos y compartiendo el día a día.
  • El malestar de la relación está afectando otras áreas. Sueño, trabajo, concentración, salud, vínculos con amigos o familia. Lo que pasa en pareja ya no se queda en pareja.
  • Hubo una ruptura de confianza que no logran procesar. Infidelidad, mentira sostenida, traición de un acuerdo importante. Lo intentaron solos, pero la herida no termina de cerrar.
  • Están considerando separarse, pero no están seguros. Hay dudas reales sobre el futuro de la relación, y necesitan un espacio para pensarlo con claridad antes de decidir.

Si reconocen varias de estas señales, o si una sola de ellas lleva tiempo instalada, puede ser un buen momento para buscar acompañamiento profesional. En R&A Psicólogos ofrecemos terapia de pareja en CDMX en modalidad presencial y en línea. Si quieren tener una primera orientación antes de agendar, también pueden responder nuestro test de psicología de parejas, que ayuda a ubicar qué está pasando en la relación.

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Referencias

  • Gottman, J. M., y Silver, N. (2012). Siete reglas de oro para vivir en pareja: un estudio exhaustivo sobre las relaciones y la convivencia. Debolsillo.
  • Johnson, S. M. (2008). Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor para toda la vida. Alba Editorial.
  • Johnson, S. M. (2019). La práctica de la terapia focalizada en las emociones. Desclée de Brouwer.
  • Lerner, H. (2014). El baile de la ira: cómo cambiar las pautas de las relaciones íntimas. Gaia Ediciones.
  • Lerner, H. (2017). Por qué no lo siento: el poder curativo de una disculpa significativa. Gaia Ediciones.
  • Perel, E. (2007). Inteligencia erótica: claves para mantener la pasión en la pareja. Diana.
  • Tatkin, S. (2012). Wired for love: How understanding your partner's brain and attachment style can help you defuse conflict and build a secure relationship. New Harbinger Publications.

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Nuestras 439 reseñas verificadas de Google | 4.8 ★★★★✬

Carolina Muñoz
Carolina Muñoz
4 meses atrás
Excelente espacio de atención psicológica. Es un lugar muy confortable, agradable y que transmite tranquilidad. Además, cuentan con varios psicólogos, lo cual brinda distintas opciones según las necesidades de cada persona. En mi caso me atiendo con Vianney Dorantes y ha sido una gran experiencia: es muy profesional, atenta y realmente sabe escuchar. Me hace sentir en un espacio seguro y de confianza, además pone mucha atención en los detalles de cada situación. Me he sentido muy a gusto en cada sesión y agradezco mucho su acompañamiento. La recomiendo ampliamente.
Marlen
Marlen
3 meses atrás
Mi experiencia personal ha sido excelente. Desde hace unos meses he asistido con la psicóloga Fátima Hernández, quien siempre se ha conducido con respeto, responsabilidad, tacto, ética, profesionalismo y paciencia en cada una de nuestras sesiones. Si bien los temas que hemos abordado han sido complicados, lo cierto es que me he sentido en plena confianza para tratarlos. Estoy agradecida de que existan profesionistas con tanta dedicación, diligencia y preparación como ella, así como centros como este, que han contribuido a la mejora de mi salud mental. Por su parte, el personal administrativo que me ha atendido en la recepción ha sido amable y atento. Finalmente, quisiera agregar que las instalaciones del lugar son cómodas, limpias, agradables y seguras, sin embargo, desconozco si existe un acceso para personas con movilidad limitada porque en la entrada solo he visto escaleras. En general recomiendo mucho los servicios del centro y en particular de la psicóloga Fátima Hernández.
Daniela Castillón
Daniela Castillón
2 meses atrás
Es una clínica con una atmósfera muy agradable y una muy buena ubicación; yo he llevado mi proceso con Rogelio y, honestamente, me parece un gran profesional. Sé que también ofrece la posibilidad de dar terapia de familia, pareja y hasta en otros idiomas, lo cual considero una gran ventaja. He sentido una mejoría evidente desde que inicié mi proceso. Si estás pensando en buscar acompañamiento psicológico, te lo recomiendo mucho, particularmente Rogelio, pero estoy segura que los otros profesionistas son igual de buenos.
Aylin Jacobo
Aylin Jacobo
4 meses atrás
Es un espacio muy ameno y profesional. Tuve el acompañamiento del psicológico Rodrigo Cordero. Una persona que da terapia con un trato muy humano, respetuoso y siempre manteniendo un papel profesional. De la misma forma ofrece una atención increíble, siempre se toma el tiempo de escucharte y de acompañarte durante todo el proceso incluso fuera de sesión, se siente el seguimiento constante. Siempre me brindó un espacio seguro donde pude ser completamente honesta, me cambió la perspectiva de muchos aspectos de mi vida e inclusive me ayudó a desarrollar herramientas para enfrentar mis conflictos día a día. Se nota el profesionalismo, la preparación y sobre todo la vocación genuina por ayudar. Lo recomiendo ampliamente si buscas a una persona totalmente empático, profesional, real y respetuoso y sobre todo interesada en buscar una mejoría personal.
Ale Arredondo
Ale Arredondo
3 meses atrás
Quiero recomendar mucho esta clínica porque mi experiencia ha sido muy positiva. Actualmente tomo terapia con Rogelio y Vianey, y algo que me gustó desde el inicio fue que me explicaron claramente el tipo de terapia con el que trabajan y cómo sería el proceso. Puede parecer algo sencillo, pero para mí fue muy importante entender qué podía esperar y cómo íbamos a trabajar. Después de haber tomado terapia en otros lugares, aquí siento que hay un verdadero hilo conductor entre sesión y sesión. No se sienten como conversaciones aisladas, sino como parte de un proceso que va construyéndose poco a poco. Conforme avanzo, me han ido cayendo muchos “veintes” sobre situaciones, patrones y formas de pensar que antes no lograba identificar. Además, siempre me he sentido en confianza, escuchada y acompañada. La atención es muy profesional, pero también muy humana, algo que valoro muchísimo. Si estás buscando un lugar para iniciar o continuar un proceso terapéutico serio, con profesionales preparados y un ambiente de confianza, definitivamente lo recomiendo. 💙 plus!! Pago con tarjeta, transferencia, factura, etc. y red wifi 😉
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