Qué puede desencadenar un trastorno alimentario y cómo prevenirlo
En este artículo, te ofrecemos una guía práctica para detectar y prevenir los trastornos alimentarios. Si necesitas apoyo, en R&A Psicólogos contamos con especialistas que pueden ayudarte.

Escrito por: Neuropsicóloga Fernanda Ramos
Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son problemas que afectan cómo comemos y cómo vemos nuestro cuerpo, y pueden llevarnos a adoptar comportamientos muy dañinos. Aunque a menudo se relacionan con preocupaciones sobre el peso y la imagen, sus efectos van mucho más allá de la estética; realmente pueden impactar nuestra calidad de vida y nuestra identidad.
Es importante prestar atención a este tema, especialmente porque algunos TCA no están bien descritos en los manuales internacionales, que no se han actualizado para reflejar cómo han evolucionado estas condiciones. A continuación, te compartimos algunas novedades sobre estos trastornos que es importante conocer.

¿Qué es un trastorno alimentario?
Los trastornos alimentarios son condiciones complejas, se caracterizan por una alteración en cómo percibimos nuestro cuerpo y cómo nos comportamos con la comida. Esto puede incluir cosas como restringir lo que comemos, tener episodios de atracones, purgarse o estar siempre preocupados por el peso.
Estos trastornos no surgen de la nada; están influenciados por una mezcla de factores.
- Por un lado, están los genéticos, que tienen que ver con lo que heredamos de nuestros padres.
- Luego están los neurobiológicos, que se refieren a cómo funciona nuestro cerebro y cómo eso afecta nuestras emociones y comportamientos.
- Y no podemos olvidar los ambientales, como la educación, la cultura y hasta la religión.
Esto significa que no hay una única causa, sino que se entrelazan diferentes aspectos de nuestra vida y nuestro cuerpo.



Tipos comunes: anorexia, bulimia y trastorno por atracón
Entre los TCA, encontramos:
Anorexia Nerviosa (AN)
La anorexia nerviosa es un trastorno en el que una persona mantiene un peso corporal muy bajo debido a un intenso miedo a engordar y a una búsqueda extrema de la delgadez. Es más común que aparezca durante la adolescencia, especialmente entre los 15 y 19 años. Las personas que padecen anorexia suelen tener una imagen distorsionada de su cuerpo, lo que les lleva a restringir severamente su ingesta de alimentos.
Bulimia Nerviosa
La bulimia nerviosa se caracteriza por episodios de atracones, donde la persona consume grandes cantidades de alimentos en un corto período de tiempo, sintiendo que ha perdido el control sobre lo que come. Para evitar el aumento de peso, suelen recurrir a conductas compensatorias, como el vómito autoinducido, el uso de laxantes, el ayuno o el ejercicio excesivo. Es importante señalar que estas conductas purgativas también pueden aparecer en la anorexia.
Trastorno por Atracón
El trastorno por atracón se presenta cuando alguien come de manera excesiva en un corto período (generalmente menos de 2 horas), pero a diferencia de la bulimia, no utiliza conductas compensatorias. Este trastorno es mucho más común en hombres, niños y adultos mayores, con una prevalencia de alrededor del 1.1 % en mujeres y del 3 % en hombres a lo largo de la vida.
TARE (Trastorno de la Alimentación con Restricción Evitativa)
Es un diagnóstico relativamente nuevo que se caracteriza por una restricción extrema en la alimentación, pero a diferencia de la anorexia, no está motivado por el deseo de perder peso. En este caso, la persona, principalmente niños o adolescentes, muestran desinterés por la comida, evitando ciertos alimentos debido a sus características sensoriales, como textura, sabor u olor. También puede haber un miedo intenso a atragantarse o a experimentar síntomas gastrointestinales, además de una notable falta de hambre.
Ortorexia
La ortorexia es otro trastorno que ha comenzado a recibir atención. Se refiere a una obsesión patológica por alimentos saludables. Por ejemplo, alimentos de origen orgánico, sin azúcar, gluten free, etc. Esto puede llevar a una restricción extrema de la dieta y a un impacto negativo en la calidad de vida, pues no sustituye los alimentos que se niega a consumir por otros que puedan aportarle los mismos beneficios, sino que simplemente los rechaza y los evita.

¿Cómo puedo saber si tengo un TCA?

Hay algunos puntos clave que se pueden observar y explorar con las siguientes preguntas:
- ¿Algún miembro de su familia ha sufrido algún trastorno alimentario?
- ¿Otras personas han expresado inquietudes sobre su alimentación, su ejercicio o su peso?
- ¿Cuántas comidas a la semana haces con tu familia? ¿Te molesta comer delante de otras personas?
- Describe un día típico de comida. ¿Evitas algún tipo de alimento? Si es así, ¿por qué?
- ¿Tienes algunas rutinas que necesita seguir al comer (por ejemplo, cortar la comida en trozos pequeños, masticar una cierta cantidad de veces)?
- ¿Estás haciendo ejercicio ahora mismo? ¿Te sientes cómodo/a saltándote un día de vez en cuando?
- ¿Te preocupa haber perdido el control sobre lo que comes?
- ¿Te sientes culpable después de ciertas comidas?
- ¿Tu peso o forma corporal te causa estrés?

Aunque no haya una única causa identificable para los TCA, la mayoría comienzan en la adolescencia por creencias negativas sobre uno mismo y sobre la forma corporal y el peso, pero frecuentemente no se detectan hasta la adultez. A pesar de esta complejidad, los desencadenantes se pueden resumir en los siguientes aspectos.


¿Qué factores pueden desencadenar un trastorno alimentario?
Genética
Algunas investigaciones indican que ciertos genes pueden hacer que algunas personas sean más propensas a desarrollar trastornos alimentarios. Esto significa que si los padres de un joven han tenido un trastorno alimentario, el hijo podría estar en mayor riesgo de enfrentarse a uno también. ¿Por qué sucede esto? La razón podría estar en una mezcla de factores genéticos y estilos de crianza. Por ejemplo, comentarios sobre el cuerpo o la comida desde una edad temprana, expectativas sobre la apariencia física, hábitos alimenticios muy estrictos y formas de pensar como el perfeccionismo pueden influir de manera importante.
Alteraciones en los circuitos de recompensa y control de impulsos
La genética y la forma en que nos crían, a su vez, pueden influir en cómo manejamos el estrés y nuestras emociones. Es decir, alterar también los circuitos del cerebro que controlan la recompensa y los impulsos, por lo que es común que coexistan problemas como la ansiedad, depresión o un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
Estas áreas son las que nos ayudan a experimentar placer y satisfacción, así como a resistir esos impulsos que a veces nos pueden llevar a actuar de forma impulsiva. Cuando algo no funciona bien en estas áreas, es posible que una persona busque consuelo en la comida, ya sea comiendo en exceso o restringiendo lo que come.
Por ejemplo, en el caso de alguien con bulimia, suele haber un nivel más alto de impulsividad. En cambio, las personas con anorexia nerviosa tienden a ser más rígidas en su forma de pensar y a prestar mucha atención a los detalles.
Ambiente o entorno
La cultura de la delgadez, que impone ideales poco realistas sobre cómo debería ser nuestro cuerpo, junto con la presión que sentimos de amigos, familiares e influencers, puede crear un ambiente favorecedor para los trastornos alimentarios. Además, experiencias traumáticas, como el acoso escolar o situaciones de abuso, pueden afectar la autoestima y llevarnos a buscar control a través de la comida.





¿Quiénes están en mayor riesgo?
Históricamente, se ha registrado que los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son más comunes en mujeres jóvenes. Sin embargo, cada vez empiezan a una edad más temprana, alrededor de los 10 a 12 años. Y en los últimos años, también se ha notado un aumento significativo en hombres. Además, los deportistas de alto rendimiento están en un grupo de alto riesgo, ya que las exigencias físicas y los estándares de rendimiento pueden intensificar su preocupación por la alimentación y la imagen.
La pandemia y el auge de los influencers fitness han hecho que estos trastornos aparezcan cada vez más en edades tempranas, convirtiéndose en la tercera enfermedad crónica más común entre los jóvenes. La exposición constante a imágenes idealizadas y mensajes sobre dietas y cuerpos perfectos puede distorsionar nuestra percepción de la realidad, lo que agrava aún más el problema.

¿Cómo prevenir un trastorno alimentario?
La prevención es crucial, especialmente en el hogar, donde el apoyo familiar puede marcar una gran diferencia. Cuando se aborda el problema durante la adolescencia, las posibilidades de éxito son mucho mayores. Por eso, es fundamental que las familias brinden un espacio seguro para escuchar y apoyar a sus seres queridos.
Promoción de la autoestima desde la infancia
Celebrar los logros de los niños, ya sean académicos, deportivos o artísticos. Es importante elogiar, sobre todo, el esfuerzo y los intentos por mejorar, en lugar de centrarse únicamente en los resultados.
Comunicación emocional abierta en el entorno familiar
Crear momentos regulares para conversar en familia, como durante las cenas. Animando a todos a compartir sus sentimientos y experiencias del día. Se pueden utilizar preguntas abiertas, como "¿Qué fue lo mejor y lo peor de tu día?", para facilitar la comunicación.
Supervisar el uso de redes sociales en jóvenes
establecer límites sobre el tiempo que pueden pasar en redes sociales y estar al tanto del contenido que consumen. Fomentando la discusión sobre las imágenes que ven, ayudándoles a desarrollar un pensamiento crítico.
Buscar ayuda profesional ante señales tempranas
Si notas cambios en los hábitos alimenticios o en el estado emocional de niños o adolescentes, puedes buscar terapeutas especializados en trastornos alimentarios o nutricionistas para brindar el apoyo adecuado.


¿Cuándo acudir al psicólogo?
Se debe tener en cuenta que, dependiendo de su nivel de conocimiento sobre los TCA, muchos jóvenes y adultos con trastornos alimentarios pueden no ser capaces de reconocer o incluso estar listos para aceptar los síntomas que están experimentando. Esto puede hacer que sea más difícil para ellos buscar ayuda o entender lo que les está sucediendo. Por eso, es esencial ofrecerles un ambiente de apoyo y comprensión, donde puedan sentirse seguros para hablar sobre sus experiencias. Algunas señales de alerta son:
| En el cuerpo | En las emociones | En el comportamiento |
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No olvides que es fundamental acompañar todas estas observaciones con una revisión médica. Esto es crucial para descartar problemas de salud que puedan estar detrás de todo.
¿Cuál es el beneficio de la terapia psicológica?
Es bastante común que familiares y amigos se den cuenta de que las comidas se vuelven tensas por las discusiones. Por eso, es importante buscar apoyo profesional, siempre con el consentimiento de la persona afectada. Esto ayuda a tratar el tema como algo externo en esos momentos, evitando que todos se sientan atrapados en negociaciones o que cedan ante las demandas. Además, la familia contará con orientación sobre cómo apoyarles para crear un ambiente más comprensivo.
Para la persona que está pasando por un momento difícil, el tratamiento psicológico puede ser realmente transformador. Terapias como la cognitivo-conductual, la sistémica o la dialéctico-conductual son especialmente efectivas, para la bulimia o la anorexia y otros trastornos alimenticios. tanto Estas terapias ayudan a identificar y cambiar esos pensamientos o creencias que pueden ser perjudiciales. Además, fomentan una mayor flexibilidad mental y ofrecen herramientas prácticas para evitar problemas de salud más graves.
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Referencias
- Attia, E. & Walsh, B.T. (2025). Eating Disorders: A Review. JAMA, 333(14):1242–1252. doi:10.1001/jama.2025.0132
- Feltner, C., Peat, C., Reddy, S., Riley, S., Berkman, N., Middleton, J. C., Balio, C., Coker-Schwimmer, M., & Jonas, D. E. (2022). Screening for Eating Disorders in Adolescents and Adults: Evidence Report and Systematic Review for the US Preventive Services Task Force. JAMA, 327(11), 1068–1082. https://doi.org/10.1001/jama.2022.1807.
- Warne, N., Heron, J., Mars, B., Moran, P., Stewart, A., Munafò, M., Biddle, L., Skinner, A., Gunnell, D., & Bould, H. (2021). Comorbidity of self-harm and disordered eating in young people: Evidence from a UK population-based cohort. Journal of affective disorders, 282, 386–390. https://doi.org/10.1016/j.jad.2020.12.053
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