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Cómo olvidar a una persona: por qué cuesta y qué ayuda de verdad

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Escrito por: Psic. Rogelio Argüello S.

Muchas veces queremos olvidar a alguien no porque queramos negar lo vivido, sino porque seguir teniéndolo tan presente empieza a impedirnos avanzar. La persona ya no ocupa el mismo lugar en nuestra vida, pero continúa apareciendo en recuerdos, conversaciones, lugares, rutinas o preguntas que vuelven una y otra vez.

Eso puede ocurrir después de una ruptura, pero también con un amor no correspondido, una amistad que terminó o un vínculo familiar del que fue necesario tomar distancia. Y cuando esa presencia se prolonga, es fácil empezar a preguntarse por qué sigue costando tanto dejar atrás a alguien, o incluso pensar que uno debería haberlo superado ya.

Sin embargo, seguir recordando a una persona no significa necesariamente que estés estancado. El problema aparece cuando lo vivido permanece constantemente en primer plano y deja poco espacio para el presente, para lo nuevo o para actuar de otra manera.

La pregunta, entonces, no es tanto cuánto tardas en olvidar a alguien, sino qué hace que esa persona siga apareciendo con tanta fuerza y qué cambia cuando empieza a ocupar menos espacio.

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Qué significa realmente olvidar a una persona

Cuando decimos que queremos olvidar a alguien, casi nunca estamos hablando de borrar literalmente a esa persona de la memoria. Lo que queremos es poder recordarla sin que cada recuerdo reactive lo mismo: la necesidad de saber, la tristeza, el enojo, la esperanza, las preguntas o la sensación de que algo sigue pendiente.

Nietzsche ya había señalado desde la filosofía una idea que hoy resulta compatible con varias perspectivas psicológicas sobre la memoria: olvidar no puede entenderse únicamente como pérdida o falla de la memoria, sino también una forma de dejar que el pasado pierda centralidad para poder atender al presente, actuar y hacer espacio para lo nuevo.

Esa idea resulta útil porque a veces olvidar parece tener algo de traición. Como si dejar de pensar tanto en alguien significara que esa persona no fue importante, que exageramos lo que sentimos o que estamos intentando borrar una parte de nuestra historia. Pero que un vínculo deje de ocupar el centro no vuelve menos verdadero lo que ocurrió.

Puedes conservar recuerdos, cariño, enojo o tristeza y, al mismo tiempo, dejar de vivir alrededor de ellos. Puedes recordar una conversación importante o sentir tristeza al escuchar una canción asociada a esa persona y, aun así, continuar con tu día sin necesidad de buscarla, escribirle o volver durante horas sobre lo ocurrido. Incluso algunos recuerdos pueden acompañarte durante mucho tiempo sin impedir que aparezcan otros vínculos, decisiones, proyectos o maneras nuevas de habitar tu vida.

Por eso, olvidar a una persona no consiste tanto en conseguir que desaparezca de la memoria como en que deje de organizar el presente. El cambio importante no es dejar de pensar por completo en ella, sino que cuando aparezca el recuerdo ya no tenga que arrastrar consigo todo lo demás.

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Por qué alguien puede seguir tan presente cuando ya no está

Una de las razones por las que cuesta tanto dejar atrás a alguien es que su ausencia no se instala de una sola vez. Puedes saber que el vínculo terminó o cambió y, aun así, seguir encontrándolo en lo que haces, en lo que esperas, en ciertos lugares o en preguntas que todavía no encuentran respuesta.

Por eso la dificultad no siempre está en que "no quieras soltar". A veces el vínculo sigue presente en varias partes de tu experiencia al mismo tiempo: en tus hábitos, en tus expectativas, en tu entorno o incluso en la manera en que habías organizado una parte de tu vida. Y no todas esas formas de presencia funcionan igual ni desaparecen al mismo tiempo.

El vínculo también quedó en lugares, objetos y rutinas

Los vínculos no existen únicamente en nuestros recuerdos. Con el tiempo se van asociando a lugares, horarios, objetos y pequeñas costumbres: una cafetería, cierta música, una conversación al final del día, una ruta habitual, una serie, un grupo de amigos o la costumbre de mirar el teléfono esperando un mensaje.

Por eso a veces el recuerdo aparece sin que lo hayas buscado. Entras a un lugar y vuelve una escena concreta. Escuchas una canción y durante unos minutos parece acercarse una etapa completa. Algo del presente ha vuelto a poner ese pasado en primer plano. De ahí viene una experiencia que muchas personas describen como una recaída: ibas bien, pasaste por cierta calle y volviste al principio. No volviste al principio. Simplemente entraste en un lugar donde todavía hay muchas asociaciones con esa persona.

Lo importante es comprender que algunos recuerdos no surgen solo de una decisión interna de "seguir pensando". Buena parte de lo que te recuerda a esa persona no está dentro de tu cabeza. Nuestro entorno y nuestras rutinas también participan en la forma en que una persona continúa haciéndose presente. Cuando alguien sale de nuestra vida, no desaparece al mismo tiempo de todos los lugares en los que ese vínculo había quedado inscrito.

Habías aprendido a contar con esa persona

Cuando alguien ocupa un lugar importante en tu vida, empiezas a contar con su presencia sin tener que pensarlo. Sabes a quién escribir cuando pasa algo, de quién esperas cierta respuesta, con quién compartes una decisión, con quién te ríes de cierta cosa o a quién buscas cuando necesitas apoyo. Poco a poco, esa persona entra en la forma misma en que vives y organizas tu día a día.

El vínculo puede terminar de un momento a otro. Ese aprendizaje no. Por eso a veces el impulso aparece antes que la realidad: ocurre algo y piensas en contárselo; necesitas una opinión y su voz sigue siendo la primera que imaginas; llega cierto momento del día y todavía parece faltar algo.

Esto no significa necesariamente que quieras volver ni que no hayas entendido que la relación terminó. Saber que alguien ya no está y haber aprendido a vivir sin contar con esa persona son procesos distintos.

Parte de lo que cuesta, entonces, es esto: la persona ya no está, pero tu vida todavía conserva formas de vivir, disfrutar y atravesar el día que se habían construido contando con su presencia. Y lo que aparece muchas veces no es el recuerdo, sino el hueco exacto donde esa persona solía estar.

Tu mente sigue buscando una respuesta

Cuando un vínculo importante termina y quedan cosas difíciles de entender, es normal empezar a buscar señales y explicaciones. Qué quiso decir, cuándo cambió algo, si hubo algo que no viste, por qué tomó cierta decisión.

Esa búsqueda puede mantener a una persona muy presente incluso cuando ya no está en tu vida. A veces revisar lo ocurrido permite ordenar mejor la experiencia. El problema aparece cuando empiezas a esperar una respuesta definitiva que haga que toda la historia encaje.

Y esa respuesta no siempre existe. Puede haber cosas que nunca sabrás, versiones que no coincidan o decisiones que ni la otra persona pueda explicar del todo. Mientras la historia siga sintiéndose como un problema pendiente de resolver, es probable que tu mente siga tratando de cerrarla.

Parte de quién eras existía dentro de ese vínculo

Las relaciones importantes no solo agregan a alguien a tu vida. También van dando forma a cómo te mueves por la vida: cosas que hacías porque estaba esa persona, temas que se volvieron tuyos, una versión de ti que existía sobre todo ahí.

En rupturas de pareja se ha observado que, además de cambiar algunas cosas sobre quién eres, puede disminuir la claridad con la que sabes quién eres después de que termina la relación. Y esa pérdida de claridad se ha relacionado de forma particular con el malestar posterior.

Eso explica una sensación difícil de nombrar y dolorosa. No es solo que extrañes a esa persona, también puede costarte entender quién eres ahora sin ese vínculo.

 

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Por qué cuanto más intentas olvidar, más puede volver el recuerdo

Cuando quieres olvidar a una persona, es fácil tomar cada recuerdo como prueba de que todavía no has avanzado.  Aparece de pronto y piensas: "otra vez", "¿por qué sigo pensando en esto?", "ya debería haberlo superado". Entonces intentas interrumpir el pensamiento, distraerte rápido con algo o comprobar cuánto tiempo llevabas sin acordarte.

Esto suele no funcionar, y no porque lo estés haciendo mal. El problema es que comprobar si estás pensando en alguien también mantiene a esa persona bajo vigilancia. Para saber si has conseguido no pensar, una parte de tu atención tiene que seguir revisando precisamente aquello que intentas evitar.

Daniel Wegner estudió este efecto en la supresión de pensamientos. Sus investigaciones mostraron que intentar mantener deliberadamente una idea fuera de la mente puede hacer que vuelva después con mayor facilidad.

Y esto se vuelve circular. Cuanto más te exiges no pensar, más atención le dedicas al asunto. Cuanto más te vigilas, más pruebas encuentras de que no vas bien. La estrategia que buscaba reducir la presencia de esa persona termina dedicándole buena parte del día.

Por eso conviene dejar de usar el olvido como examen. Cuando el olvido se vuelve la meta, el recuerdo ya no llega solo: llega con un veredicto sobre ti. Y ahí el problema ya no es el recuerdo; el problema es lo que te dices cada vez que llega.

Ten presente: que una persona vuelva a tu mente después de varios días tranquilos no dice nada sobre dónde estás.

El objetivo tampoco es resignarte a pensar en esa persona todo el tiempo o indefinidamente. Es dejar de tratar cada aparición del recuerdo como algo que tienes que expulsar o corregir en ese instante. Un pensamiento puede aparecer, permanecer unos segundos y desaparecer sin que tengas que seguirlo, resolverlo ni convertirlo en una medida de cuánto has avanzado.

Se puede decir que el primer cambio no es recordar menos: es dejar de pelear cada vez que recuerdas.

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Cómo dejar de pensar en una persona: qué sí puedes hacer

Vimos que intentar borrar el recuerdo no funciona. La alternativa no es quedarse cruzado de brazos esperando a que el tiempo lo resuelva. Hay otras formas de intervenir.

No se trata de eliminar lo que recuerdas, sino de mirar qué lo mantiene vivo y qué lo sigue poniendo en tu presente: qué lo trae, cómo vuelves sobre ello, qué haces cuando llega y con qué está hecho el presente en el que aparece.

Identifica qué sigue haciendo presente a esa persona

Hay cosas que mantienen a esa persona presente sin que tú lo decidas. Y hay otras que dependen de lo que haces cada vez que aparece: revisar su perfil, releer mensajes, preguntar por ella, reconstruir conversaciones o buscar señales nuevas en cosas antiguas.

La idea no es eliminar cualquier objeto, lugar o canción que tenga relación con esa persona. Ya vimos que eso sería imposible y, además, puede convertir el recuerdo en algo que tienes que evitar constantemente.

Lo útil es empezar a distinguir entre lo que aparece solo y lo que tú sigues alimentando. Preguntarte, por ejemplo, qué ocurre después de recordar: si vuelves a tu día o si abres una cadena de acciones que mantiene a esa persona presente durante la siguiente hora.

A veces el cambio empieza ahí. No en impedir que aparezca el recuerdo, sino en dejar de darle siempre el mismo recorrido.

Aprende a distinguir entre pensar y rumiar

Volver una y otra vez sobre lo que pasó también mantiene a esa persona presente. Unas veces sales con algo. Otras sales igual, pero más agotado.

La diferencia no está tanto en cuánto piensas, sino en cómo lo haces. Preguntas como "¿por qué siempre termino así?", "¿qué dice esto de mí?" o "¿qué tipo de persona soy si todavía me afecta?" suelen abrir problemas cada vez más grandes y difíciles de responder.

Otras preguntas acercan más a algo concreto: "¿qué pasó realmente?", "¿qué hice después?", "¿qué puedo resolver ahora?" o "¿qué decisión me ayudaría hoy?".

La primera forma de pensar tiende a ensanchar el problema. La segunda puede ayudarte a delimitarlo.

No necesitas dejar de pensar en esa persona cada vez que aparece. Pero si llevas rato dando vueltas y no aparece nada nuevo, casi nunca es que te falte pensar más. Es que esa pregunta no tenía salida. Y a veces basta con cambiarla por otra que sí lleve a algún lado.

Recordar sin quedarte dentro del recuerdo

Hay recuerdos que no solo vuelven: te llevan de nuevo al lugar desde el que los viviste. Recuerdas una conversación y vuelves a defenderte mentalmente, a buscar la frase que debiste decir o a sentir que todavía tienes algo que resolver ahí.

Pero recordar no obliga a volver a ocupar ese mismo lugar. Puedes mirar lo ocurrido con cierta distancia sin volverte frío ni quitarle importancia. Y no es simplemente distraerte: ambas cosas alivian parecido en el momento, pero no dejan lo mismo después.

A veces ese cambio aparece cuando te preguntas qué ves hoy que entonces no podías ver, qué estaba ocurriendo alrededor de esa situación o qué notarías si la historia fuera de alguien cercano. Los hechos siguen siendo los mismos, pero cambia el lugar desde el que los miras.

También puedes dejar que algunos recuerdos terminen ahí. Una imagen, una frase o una emoción pueden aparecer sin que tengas que entrar detrás de ellas, reconstruir todo lo ocurrido o llegar a una conclusión.

Recordar no tiene por qué significar volver. Parte de dejar atrás a alguien consiste en poder acercarte a lo vivido y después regresar al presente.

Hablarlo con alguien también cambia la historia que recuerdas

Cuando algo te pesa, hablarlo puede ayudar. Pero conviene entender de qué manera, porque no todas las conversaciones hacen lo mismo.

Contar lo que pasó no es sacar a ventilar un recuerdo de un cajón y volver a guardarlo intacto. La historia se vuelve a armar cada vez que la cuentas: aparecen unas escenas y no otras, o alguien te hace una pregunta que cambia ligeramente desde dónde estás mirando lo ocurrido.

Ahí está lo útil. Una historia que se cuenta siempre igual, con las mismas explicaciones y la misma conclusión sobre ti o sobre la otra persona, puede ir endureciéndose. No porque sea falsa, sino porque cada vez deja menos espacio para que aparezca algo distinto.

Una conversación puede abrir ese espacio. Alguien pregunta por una parte que siempre te saltas, o te devuelve algo que dijiste hace meses y que hoy suena diferente.

Y cuando la historia se mueve, cambia también cómo llega al presente. El recuerdo sigue ahí, pero pesa menos y deja de tener algo que decir sobre todo lo demás. Eso es, en buena medida, lo que estabas buscando cuando decías que querías olvidar.

También hay conversaciones que hacen lo contrario. Dos personas repasan una y otra vez el mismo problema, especulan sobre lo que pudo haber pasado y se quedan en el malestar. Hablar así se siente cercano y reconfortante, y a la vez mantiene el asunto circulando sin que aparezca nada nuevo.

No se trata de dejar de hablar del tema. Se trata de notar con quién la historia se mueve y con quién vuelve a repetirse igual.

Construye una vida que ya no gire alrededor de esa persona

Dejar atrás a alguien tampoco ocurre solo reduciendo cosas. También necesita que empiecen a aparecer otras.

Crear experiencias nuevas no ayuda simplemente porque llenes tu agenda y tengas menos tiempo para pensar. Ayuda porque tu vida empieza a adquirir referencias que ya no dependen de ese vínculo.

Un lugar que no está asociado a esa persona. Gente con la que puedes construir otras historias. Una rutina que no tiene una versión anterior con la que compararse. Un proyecto que no necesita imaginar qué habría opinado. Una decisión que empieza a sentirse completamente tuya.

Al principio no se siente como avance. Se siente raro, incluso algo vacío, porque lo nuevo todavía no significa nada.

Con el tiempo, esas experiencias hacen algo importante: amplían el presente. El recuerdo no tiene que desaparecer para que empiece a compartir espacio con otras cosas.

La persona puede seguir formando parte de tu historia, pero cada vez hay más vida que ya no necesita pasar por ella.

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Cómo olvidar a alguien según el tipo de vínculo

Todo lo anterior funciona para cualquier vínculo. Pero no todos se quedan en tu vida de la misma forma, y eso cambia dónde hace falta poner atención.

Una expareja suele quedar ligada a muchas partes de tu vida. Lugares, horarios, objetos, amigos en común, una versión de tu vida cotidiana construida con esa persona dentro. Por eso aquí pesa tanto lo cotidiano. Y pesa también el duelo por una vida entera que se había organizado alrededor de esa relación.Parte del proceso consiste en volver a hacer tuyos lugares, horarios y rutinas que habían quedado asociados a esa persona. Si es tu caso, tenemos una guía específica sobre cómo superar una ruptura de pareja paso a paso y otra sobre las fases del duelo romántico.

En un amor no correspondido puede ocurrir casi lo contrario. Hay menos vida compartida: pocos lugares, pocas rutinas, a veces ninguna. Y, sin embargo, puede ocupar muchísimo espacio porque gran parte de lo que pesa no es una historia compartida, sino una historia posible. Aquí retirar objetos sirve poco. Lo que pesa es una versión de esa relación que nunca llegó a ponerse a prueba, y por eso puede sostenerse mucho tiempo sin que nada la contradiga. Ayuda notar cuándo la estás alimentando: reinterpretando mensajes viejos, buscando señales, imaginando conversaciones que no ocurrieron.

Una amistad que terminó tiene una dificultad propia: existen pocas formas socialmente reconocidas de nombrar esa pérdida. Muchas veces nadie te pregunta cómo vas. Y lo que queda suele estar en la red de personas que compartían, así que esa persona puede seguir apareciendo en conversaciones, grupos y planes de otros. Esa falta de reconocimiento tiene un costo: es fácil concluir que estás exagerando, y desde ahí ni siquiera te das permiso de atravesarlo. Que no haya un lenguaje para nombrarlo no significa que el vínculo haya sido menos importante. Aquí puede ayudar buscar espacios donde puedas tratar esa pérdida como algo real y decidir qué hacer con los grupos, planes o contactos que todavía comparten.

Un vínculo familiar rara vez desaparece por completo del entorno aunque el contacto se reduzca. Puede seguir presente en celebraciones, relatos familiares, lo que otros cuentan o decisiones que involucran a más gente.

A veces el distanciamiento familiar no fue algo que pasó, sino algo que decidiste para cuidarte. Ahí el proceso es distinto: a la pérdida se suma la presión de quienes no entienden por qué te alejaste. En estos casos, el objetivo muchas veces no es olvidar. Es conseguir que esa persona pueda aparecer en una conversación, una celebración o una fecha importante sin volver a desordenar todo tu día. No puedes controlar que otros la mencionen, pero sí puedes decidir qué conversaciones sostienes, a qué encuentros vas y cuánto acceso permites a ese vínculo.

En todos los casos, el criterio es el mismo: no es cuánto recuerdas a esa persona, sino cuánto sigue ordenando tu presente.

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Cómo saber si estás dejando atrás a esa persona

Dejar atrás a alguien no suele notarse porque un día despiertas y ya no recuerdas. Se nota en cambios más pequeños: el recuerdo sigue apareciendo, pero cada vez necesita menos de ti y altera menos lo que viene después.

Puedes estar avanzando cuando:

  • Recuerdas a esa persona sin sentir que tienes que hacer algo de inmediato.
  • Disminuye la necesidad de revisar sus redes, buscar información o preguntar por ella.
  • Puedes encontrarte con un lugar, una canción o una fecha asociada sin que todo tu día empiece a girar alrededor de eso.
  • Cuando te acuerdas de lo ocurrido, aparecen cosas nuevas en vez de las mismas preguntas una y otra vez.
  • Empiezas a tomar decisiones sin preguntarte constantemente qué habría pensado esa persona.
  • Hay relaciones, lugares, proyectos o rutinas que ya no comparas automáticamente con ese vínculo.
  • Puedes imaginar lo que viene sin necesitar que esa persona vuelva, cambie de opinión o finalmente te dé una respuesta.

Estas señales no aparecen todas de golpe ni necesariamente al mismo tiempo. Y que empiecen a aparecer no significa que tenga que dejarte de doler por completo. Puedes extrañar, sentir tristeza o tener días más difíciles y, aun así, estar en un lugar distinto al de hace algunos meses.

Ese es quizá el cambio más importante: el recuerdo sigue formando parte de tu historia, pero deja de organizar todo lo demás. Que alguien ocupe menos espacio en tu presente no significa que haya importado menos. Significa que tu vida ha empezado a tener más lugares desde los que continuar.

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Cuándo puede ser útil pedir ayuda psicológica

A veces el proceso se detiene. No porque no lo estés intentando, sino porque hay algo que sigue repitiéndose sin encontrar una salida.

Conviene consultar cuando el malestar no cede con el tiempo y sigue igual de intenso durante un periodo prolongado. Cuando afecta de forma persistente el sueño, la concentración o el trabajo. Cuando aparecen síntomas de ansiedad o depresión que antes no estaban. Cuando la vida se organiza alrededor de evitar cualquier cosa que recuerde a esa persona. O cuando el contacto continúa aunque cada vez que ocurre te deje peor.

No hace falta que la situación sea grave para pedir ayuda. A veces basta con que lleves demasiado tiempo dándole vueltas a lo mismo sin que aparezca nada nuevo.

En terapia se puede trabajar en qué sigue manteniendo ese vínculo presente y cómo recuperar espacio para lo que viene. Si quieres hablarlo con un profesional, puedes agendar una sesión de terapia individual en CDMX o de terapia de pareja en CDMX.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo se tarda en olvidar a una persona?
¿Se puede olvidar a alguien sin cortar el contacto por completo?
¿Por qué cuesta tanto olvidar a alguien que no me quiso igual?
¿Es normal seguir pensando en esa persona meses después?

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Referencias

  • Brown, S. D., & Reavey, P. (2015). Vital memory and affect: Living with a difficult past. Routledge.
  • Nietzsche, F. (1999). Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida [II Intempestiva] (G. Cano, Trad.). Biblioteca Nueva. (Obra original publicada en 1874)
  • Slotter, E. B., Gardner, W. L., & Finkel, E. J. (2010). Who am I without you? The influence of romantic breakup on the self-concept. Personality and Social Psychology Bulletin, 36(2), 147-160.
  • Rose, A. J. (2002). Co-rumination in the friendships of girls and boys. Child Development, 73(6), 1830-1843.
  • Wegner, D. M., Schneider, D. J., Carter, S. R., & White, T. L. (1987). Paradoxical effects of thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 53(1), 5-13.

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Nuestras 439 reseñas verificadas de Google | 4.8 ★★★★✬

Carolina Muñoz
Carolina Muñoz
4 meses atrás
Excelente espacio de atención psicológica. Es un lugar muy confortable, agradable y que transmite tranquilidad. Además, cuentan con varios psicólogos, lo cual brinda distintas opciones según las necesidades de cada persona. En mi caso me atiendo con Vianney Dorantes y ha sido una gran experiencia: es muy profesional, atenta y realmente sabe escuchar. Me hace sentir en un espacio seguro y de confianza, además pone mucha atención en los detalles de cada situación. Me he sentido muy a gusto en cada sesión y agradezco mucho su acompañamiento. La recomiendo ampliamente.
Marlen
Marlen
3 meses atrás
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Daniela Castillón
Daniela Castillón
2 meses atrás
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Aylin Jacobo
Aylin Jacobo
4 meses atrás
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Ale Arredondo
Ale Arredondo
3 meses atrás
Quiero recomendar mucho esta clínica porque mi experiencia ha sido muy positiva. Actualmente tomo terapia con Rogelio y Vianey, y algo que me gustó desde el inicio fue que me explicaron claramente el tipo de terapia con el que trabajan y cómo sería el proceso. Puede parecer algo sencillo, pero para mí fue muy importante entender qué podía esperar y cómo íbamos a trabajar. Después de haber tomado terapia en otros lugares, aquí siento que hay un verdadero hilo conductor entre sesión y sesión. No se sienten como conversaciones aisladas, sino como parte de un proceso que va construyéndose poco a poco. Conforme avanzo, me han ido cayendo muchos “veintes” sobre situaciones, patrones y formas de pensar que antes no lograba identificar. Además, siempre me he sentido en confianza, escuchada y acompañada. La atención es muy profesional, pero también muy humana, algo que valoro muchísimo. Si estás buscando un lugar para iniciar o continuar un proceso terapéutico serio, con profesionales preparados y un ambiente de confianza, definitivamente lo recomiendo. 💙 plus!! Pago con tarjeta, transferencia, factura, etc. y red wifi 😉
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