
La importancia de la perspectiva de género en la salud mental
En este artículo conocerás qué significa la perspectiva de género en la atención psicológica y por qué es clave para una terapia más justa y libre de estereotipos. En R&A Psicólogos contamos con profesionales capacitados para brindarte un acompañamiento seguro y respetuoso.
Escrito por: Psic. Selvia Vargas
¿Alguna vez has sentido que tu terapeuta interpreta tu historia desde estereotipos de género, sin escuchar lo que realmente quieres decir?
Los roles y estereotipos de género que vemos en la vida diaria también pueden aparecer en los espacios terapéuticos. Por ejemplo, la depresión y la ansiedad se presentan con más frecuencia en mujeres no solo por factores biológicos, sino también por las condiciones sociales y culturales en las que viven. El problema surge cuando un o una terapeuta asume de inmediato que una paciente tiene depresión, sin detenerse a escuchar lo que realmente quiere expresar.
Por eso es tan importante que la atención en salud mental se brinde con perspectiva de género, es decir, sin dejar que los prejuicios sobre lo que “deberían” ser hombres y mujeres interfieran en el proceso terapéutico.

¿Qué es la perspectiva de género?
La perspectiva de género es una forma de mirar la sociedad que nos ayuda a identificar cómo se construyen las diferencias entre hombres y mujeres, y a reconocer que existen muchas maneras de vivir, sentir y relacionarse con el mundo.
De acuerdo con la antropóloga e investigadora mexicana Marcela Lagarde:
“La perspectiva de género permite analizar y comprender las características que definen a las mujeres y a los hombres de manera específica, así como sus semejanzas y diferencias. Esta perspectiva analiza las posibilidades vitales de las mujeres y los hombres; el sentido de sus vidas, sus expectativas y oportunidades, las complejas y diversas relaciones sociales que se dan entre ambos géneros, así como los conflictos que deben enfrentar, contabilizar los recursos y la capacidad de acción con que cuentan mujeres y hombres para enfrentar las dificultades de la vida y la realización de los propósitos.”
Un punto clave: no es lo mismo que “perspectiva de mujeres” o “feminista”. Aunque la perspectiva de género tiene sus raíces en el pensamiento feminista —que impulsó la reflexión sobre las desigualdades y la construcción social del género—, su alcance es más amplio. Mientras estas últimas se enfocan en las experiencias de las mujeres, la perspectiva de género busca entender el panorama completo, lo que ayuda a dar respuesta a la diversidad de experiencias que viven todas las personas.


¿Qué significa aplicar perspectiva de género en la salud mental?
Cuando hablamos de terapia, aplicar la perspectiva de género significa que la o el profesional sea capaz de escucharte en el contexto de tu vida. Esto implica reconocer que tus malestares emocionales no aparecen de la nada: están atravesados por factores como la desigualdad, la violencia, los mandatos de género o la presión social.
El trabajo en terapia consiste en identificar cómo estos factores influyen en tu bienestar y asegurarse de que la atención no reproduzca estereotipos.
Por ejemplo, si una adolescente tiene una relación difícil con la comida, es necesario considerar que muchas veces está influida por estándares de belleza y violencia estética que afectan sobre todo a mujeres. También es fundamental que el o la terapeuta revise sus propios prejuicios, evitando comentarios como “te ves mejor delgada” o suposiciones basadas solo en la apariencia.
Trabajar con perspectiva de género no solo mejora la atención para las mujeres: también beneficia a hombres, niñas, niños y adolescentes, porque permite dar respuestas más justas, respetuosas y acordes con cada experiencia.


Panorama actual: desigualdades y salud mental
La atención en salud mental refleja las mismas desigualdades de género que existen en la sociedad. Según el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones (2024), entre enero y mayo de ese año se atendió a 158,814 personas: el 67.4 % fueron mujeres y el 32.6 % hombres.
En los casos de ansiedad y depresión, las mujeres representaron más del 75 % de quienes buscaron apoyo. Esto no significa necesariamente que ellas tengan más trastornos, sino que suelen estar más dispuestas a pedir ayuda y enfrentan menos estigma al expresar su malestar. En cambio, muchos hombres aún cargan con la idea de que “no deben mostrarse vulnerables”.
Estos datos nos recuerdan que la salud mental no depende solo de lo biológico: está profundamente atravesada por lo social.



Ejemplos prácticos de terapia con y sin perspectiva de género
Veamos cómo cambia el enfoque terapéutico cuando se aplica —o no— la perspectiva de género.
La perspectiva de género puede parecer un ejercicio muy teórico, sin embargo cuando se aterriza en la práctica terapéutica puede hacer una gran diferencia, aquí un par de ejemplos de ello:
Ana llega a terapia porque se siente agotada y con ansiedad constante. En un proceso sin perspectiva de género la terapeuta podría enfocarse únicamente en técnicas de relajación o en organizar mejor su tiempo. En cambio, alguien con perspectiva de género exploraría también la sobrecarga de cuidados que enfrenta (hijos, trabajo, tareas domésticas) y cómo la presión social de “ser buena madre” y “no fallar en el trabajo” está impactando en su salud mental.
Luis vive episodios de tristeza y siente que no puede hablar con nadie. Sin perspectiva de género, es común que un terapeuta “trabaje su autoestima” o explore la posibilidad de un diagnóstico de depresión. Con perspectiva de género, se reconoce que Luis carga con un mandato cultural que le impide mostrar vulnerabilidad porque “los hombres no lloran”. El acompañamiento incluiría trabajar cómo estos estereotipos lo han limitado para pedir ayuda y cómo han impactado a lo largo de su vida.
Estos ejemplos muestran que la perspectiva de género no es un “extra”, sino un elemento central para que la terapia realmente se adapte a la vida de cada persona.


Señales de alerta en acompañamientos terapéuticos
No siempre es fácil darse cuenta si la atención que recibimos carece de perspectiva de género. Sin embargo, hay ciertas señales que pueden encender focos rojos:
- Minimización de experiencias por tu género: que te digan frases como “eso es normal en las mujeres” o “los hombres siempre reaccionan así”, en lugar de profundizar en tu vivencia personal.
- Uso de estereotipos de género para diagnosticar: por ejemplo, asumir que una mujer que llora con frecuencia “tiene depresión” o que un hombre que se siente ansioso “debería ser más fuerte”.
- Falta de sensibilidad frente a la violencia de género: desestimar experiencias de acoso, abuso o violencia como “cosas que pasan” o sugerir que “hay que superarlo sin darle tanta importancia”.
- Lenguaje excluyente o discriminatorio: no reconocer identidades de género diversas, invalidar orientaciones sexuales o usar términos despectivos.
- Imposición de roles tradicionales: reforzar ideas como que la mujer “debe sacrificarse por su familia” o que el hombre “debe ser el proveedor” en lugar de cuestionarlas.
- Ignorar factores sociales y culturales: atribuir todos los problemas únicamente a “lo individual” sin considerar las presiones externas que genera el género (como la sobrecarga de cuidados o el estigma por mostrar emociones).
A veces estas alertas no son tan evidentes y se presentan de manera más sutil. Lo más importante es que sientas confianza y comodidad para hablar de lo que te pasa, y que lo que recibas de tu terapeuta sea congruente con tu experiencia, no una imposición.
Recuerda: cualquier situación que quieras llevar a terapia puede trabajarse con perspectiva de género.


¿Cómo saber si mi terapeuta trabaja con perspectiva de género?
Una forma directa es preguntarle directamente si cuenta con alguna formación en perspectiva de género o buscar directamente a terapeutas que cuenten con ella.
Sin embargo es importante que tú puedas sentir que lleva esa perspectiva a la práctica. Algunas recomendaciones para identificarlo:
- Usa lenguaje respetuoso e inclusivo. Usa un trato libre de estereotipos y evita expresiones discriminatorias. Reconoce tu identidad de género y orientación sexual sin juzgar ni invisibilizar.
- Reconoce las desigualdades sociales. No se centra únicamente en lo individual: también toma en cuenta factores como la violencia, la desigual distribución de los cuidados, la discriminación laboral o los mandatos culturales que afectan tu bienestar.
- Valida tu experiencia sin minimizarla. Si hablas de situaciones de violencia, discriminación o desigualdad, no las resta importancia ni las normaliza con frases como “eso les pasa a todas” o “tienes que aguantar”.
- Apertura al cuestionar estereotipos. Ayuda a reflexionar sobre creencias de género, como que “los hombres no lloran” o que “las mujeres deben cuidar siempre a los demás”, en lugar de reforzarlas.
- Respeta tu autonomía. Te acompaña en la toma de decisiones sin imponer juicios basados en roles tradicionales. Por ejemplo, no presiona con ideas como que “deberías volver con tu pareja por tus hijos” o que “tu rol principal es la maternidad o el trabajo”.
- Sensibilidad ante la violencia. Sabe detectar señales de violencia de género y cuenta con recursos para canalizar o brindar acompañamiento adecuado.



El espacio terapéutico debe ser seguro para ti. Si algo de lo que hace o dice tu terapeuta o psicoanalista te incomoda y no te sientes con confianza de expresarlo, puede que ese espacio no sea el adecuado.
Recuerda que todas las personas tenemos prejuicios, también las personas profesionales de la salud mental. La diferencia está en que quienes trabajan con perspectiva de género buscan reconocer sus limitaciones, expresar con claridad su formación y brindar una atención respetuosa y libre de violencia.
Tienes derecho a un espacio seguro, donde tu historia y tus emociones sean validadas sin prejuicios ni juicios de valor.
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Referencias
- Lagarde, Marcela. (1996). ‘La perspectiva de género’, en Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia, Ed. horas y HORAS, España. https://catedraunescodh.unam.mx/catedra/CONACYT/08_EducDHyMediacionEscolar/Contenidos/Biblioteca/Lecturas-Complementarias/Lagarde_Genero.pdf
- Ramos-Lira, Luciana. (2014). ¿Por qué hablar de género y salud mental?. Salud mental, 37(4), 275-281. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252014000400001&lng=es&tlng=es.
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